Glossae

EN DEFENSA DEL LENGUAJE

Posted in En línea by Marcelo Columba on 01/10/2010

EN DEFENSA DEL LENGUAJE

CONTROL E INTERPRETACION DEL RACISMO EN BOLIVIA

Juan Marcelo COLUMBA-FERNÁNDEZ1

“En defensa del lenguaje tenemos que rechazar radicalmente está ley. Es evidente que al momento de salir se va a apresar y a liquidar a los periodistas y  a los medios de comunicación. Detrás de eso a nombre del racismo está el aplastar el derecho al lenguaje. Nosotros estamos defendiendo el derecho al lenguaje que es la única forma de defender los principios de la libertad de prensa”

Filemón Escobar2

La implementación de la nueva ley anti-racismo suscita un intenso debate sobre el deseo de control del Estado en lo concerniente a las manifestaciones lingüísticas. Esta propuesta de legislación expresaría un intento de invasión del Estado no solamente al ámbito del uso de la lengua sino al ámbito de las ideas; una incursión que pretende normar las formas de expresión y consecuentemente las formas de pensamiento de la sociedad civil.

Filemón Escobar, uno de los fundadores del partido político gobernante, ex dirigente minero y actual opositor a la administración de Morales, advirtió sobre el peligro latente que significa el control estatal en la esfera del lenguaje y del pensamiento. Escobar no es un caso aislado ni es la única voz de la izquierda histórica que en los últimos días ha criticado abiertamente la mencionada ley contra el racismo. También lo hizo de manera firme y sin ambigüedades el catedrático universitario Remberto Cárdenas quien trabajó como periodista del Semanario de izquierda “Aquí”. Cárdenas declaró el pasado fin de semana en la televisión estatal que no estaba de acuerdo con el cierre de medios como medida punitiva de la ley anti-racismo porque consideraba esta medida como una práctica de tinte dictatorial3.

Las expresiones contra medidas totalitarias que pretenden penetrar tanto a la lengua como el pensamiento, tal el caso de la mencionada ley, se manifiestan así en voces críticas de la izquierda histórica boliviana que muestran su desacuerdo con el carácter autoritario del gobierno de Morales.

La complejidad inherente a la praxis lingüística de la discriminación y la interpretación del racismo, no han sido considerados en la elaboración de la propuesta de la ley anti-racista. Estos elementos han sido definidos de manera laxa o ambigua por los asesores legales del partido de gobierno, dejando entrever la seriedad con la que se tratan este tipo de temas actualmente en Bolivia.

El proyecto de la mencionada ley define la “discriminación” como “toda forma de distinción” por raza, sexo, edad, condición económica, ideología, lengua etc. que menoscabe los derechos humanos y melle su dignidad. Es precisamente en esas “formas de distinción” donde la propuesta pierde la seriedad necesaria pues si bien se incluye una ampulosa y pesada lista de “conductas discriminatorias”, no se considera el uso del lenguaje, ni menos la manera de “interpretación” de estas “formas de discriminación”.

Es necesario precisar que las “interpretaciones” pueden ser tan variadas como la subjetividad de cuantos seres humanos existan sobre la faz de la tierra. “Indio” puede sonar tan solemne en los oídos de los indianistas admiradores de Fausto Reinaga, como tan discriminador para la suerte de puritanismo lingüístico promovido por la ley anti-racista. La interpretación de una frase como “racista” dependerá de la mayor o menor sensibilidad de quien haya podido ser ofendido por esas palabras; se trata de una problemática del “contexto” ligado a la interpretación de las palabras.

Las interpretaciones antojadizas no pueden dejarse de lado en un tema tan delicado como el de la penalización por discriminación racial. Esta ley, tal como está planteada, parecería buscar  la auto-censura de parte de los productores y difusores de pensamiento crítico en el país.

La desconfianza de un sistema judicial permeabilizado por el poder político, no debe dejar de inquietar a la sociedad ante una ley que pueda penalizar con una rigidez extrema el uso del lenguaje, en función a interpretaciones parcializadas sobre lo que es o no es racismo y discriminación.

Un caso que nos puede ayudar a ejemplificar este tipo de interpretación arbitraria,  ampliamente difundido por los medios estatales que no dudaron calificarlo de “racista”, es el de los eventos ocurridos el 24 de mayo de 2008 en la ciudad de Sucre4. Se hablaba de racismo de los habitantes de la ciudad cuando los hechos de violencia registrados mostraban el enfrentamiento entre habitantes del “campo” y de la “ciudad” a partir de diferencias políticas. ¿Dónde podíamos situar el factor racial en tal conflicto? ¿En las mentes y la sensibilidad de aquellos que calificaron a Sucre como la “Capital del Racismo”? ¿Es posible distinguir en los registros documentales de la época un lenguaje explícitamente racista por parte de los actores involucrados? Este caso muestra que, a pesar de ser un conflicto violento originado en diferencias políticas entre los militantes del partido de gobierno (en su mayoría campesinos) y los miembros de la oposición sucrense (fundamentalmente citadinos) es posible interpretar un evento de estas características como “racista”, estableciendo un nexo con la aglutinación léxica “indígena-originario-campesino” proveniente del imaginario y la legislación plurinacional.

Veamos un otro caso para destacar la volatilidad interpretarías y la importancia del contexto al momento de considerar un uso del lenguaje como racista. Y no es un caso anodino, sino es el mismísimo Presidente de Bolivia quien se considera “agredido” por una supuesta expresión discriminadora. Morales el 20 de septiembre del año en curso, en una intervención sobre la propuesta de ley anti-racismo5, sindica al periodista Humberto Vacaflor y a un medio de comunicación radial de haber formulado y difundido propuestas discriminadoras:

“… un comentarista que escucha en Panamericana permanentemente llamado Humberto Vacaflor, según es periodista, comentarista, generalmente son de la derecha, ahí yo diría que ellos son los fascistas, se hablaban de acusaciones, ¿Qué me dice? Que Evo Morales es narcotraficante y asesino, del vicepresidente de cabildo homosexual y afeminado.” (sic)

¿Acusar al presidente de los delitos de narcotráfico y asesinato es “discriminación”? El Presidente “se siente” discriminado. Podría sentirse legítimamente ofendido por las acusaciones vertidas y demostrar su inocencia en un tribunal imparcial pero él se siente discriminado. Sin tener acceso al razonamiento del mandatario sino a través de sus palabras, se puede adelantar la hipótesis de que el Presidente se siente así a partir de su sensibilidad identitaria como receptor de un mensaje: él se considera “indígena”, entonces la acusación por tales delitos sólo sería motivada por su identidad racial, únicamente porque él es el “primer presidente indígena”.

La “interpretación del racismo” es un aspecto central que ha quedado excluido de la citada ley como también ha quedado excluida la reflexión académica desde las ciencias del lenguaje y la comunicación, tan necesarias para un planteamiento de este tipo. Quedan pendientes respuestas fundamentadas a preguntas como: ¿Qué es un acto del lenguaje racista? ¿Cuál su materialidad? ¿Cómo interpretamos un acto de habla racista? ¿Quien interpreta tal acto? ¿Qué condiciones o contextos comunicativos hacen que un acto de habla sea interpretado como racista o discriminador? Parece ser que la definición laxa de “formas de discriminación” y la elaboración de listas de expresiones con determinados adjetivos calificativos, no son los caminos más adecuados para luchar contra el racismo, pues la clasificación y distinción que permiten los adjetivos son mecanismos de cognición absolutamente naturales de todos los seres humanos, gracias a los cuales podemos distinguir el color blanco del negro, los hombres de las mujeres, lo pequeño de lo grande, etc. Los problemas de racismo surgirían cuando la distinción vulnera los derechos de los individuos de una sociedad.

En resumen, podemos afirmar que hacen falta criterios técnicos y objetivos para poder determinar la comisión de un delito de discriminación. Las mentadas “formas de discriminación” deben especificarse y debatirse en un ámbito académico interdisciplinario donde expertos en ciencias del lenguaje, ciencias de la comunicación, ciencias jurídicas y sociales en general, puedan dialogar sobre un tema tan complejo como es el de la discriminación y el racismo.

La punición a los medios y a cualquier persona cuya expresión no esté enmarcada en los criterios de “lo racialmente correcto” para un Gobierno que tiene una marcada influencia en el poder judicial, no es el mejor camino para eliminar la lacra del racismo. Más al contrario, medidas como la aprobación de una ley anti-racismo en estas deplorables condiciones, parece ser parte de la estrategia autoritaria que pretende hacer escuchar y reproducir una sola voz.

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1 Lingüista.

2 Declaración registrada en el periódico “Los Tiempos” de Cochabamba el 29 de Septiembre de 2010.

3 Ibíd. 27 de Septiembre de 2010.

4 El Estado, a través de su comité contra el racismo, no dudó en calificar de “hechos de racismo” a los eventos de mayo de 2008 en Sucre (www.noracismo.gob.bo)

5 Declaración del mandatario el 19 de septiembre de 2010 en Potosí  (www.eju.tv)

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