Glossae

Sobre algunas formas literarias de la libertad

Posted in En línea by Marcelo Columba on 06/12/2015
Libertad - Nebrija circa1495

“Libertad”, Vocabulario español-latino, Nebrija, 1495.

Sobre algunas formas literarias de la libertad*

Juan Marcelo Columba-Fernández[1]

 

Lo que los estetas deben esforzarse en enseñar a la juventud,   es que la poesía para manifestarse no requiere de medidas, que el metro, por ser matemática, es su yugo, siendo que la poesía es la libertad en acción, en plena belleza de emoción

Arturo Borda

Lúbrica, vibrante, voluptuosa… una acústica vernácula que evoca more naturae su empíreo contenido. Su seductora sonoridad disuelve la arbitrariedad sígnica y, ebluisante, cautiva el alma de su impetuoso auditor. Aún si los presuntuosos nacionalismos militaristas y sus melodías de guerra tornan a la bella infortunada en vampiresa, ella resguarda con recelo el fuego de su genio emancipador. Advertido, así, del carácter y la sensualidad cautivadora de la palabra, intrépido lector, propongo una fugaz e insubordinada disonancia nocional en torno de la voz “libertad” y algunas de sus manifestaciones verbales.

Precipitarse contra los límites del lenguaje

Volcánica y etérea, la hechicera expresión designa el estado de aquel sujeto concreto que tiene la facultad de obrar o no hacerlo, aquel ser investido bajo el noble epíteto “libre”. Es el acto de “liberar”, sin embargo, el que provoca el surgimiento de una nueva condición del ser en su tensa relación con el mundo. La performatividad del verbo – la acción producida al pronunciarlo – le otorga una cualidad hierática cuya potencia creadora deviene cardinal en diferentes episodios de la historia local y universal. Esta relación entre el sujeto libre y el acto de liberar, entre el agente y la acción, fue abordada por destacados pensadores contemporáneos, entre ellos H. Arendt quien, en un ensayo en torno a la libertad publicado originalmente en 1961, señala que tanto el ser libre como el acto que origina tal libertad no forman sino una sola unidad[2].

¿Cuál la naturaleza del estado producido por esta sintética dualidad? La etimología del término puede brindarnos elementos de respuesta. El verbo latino liberare refiere en principio a la emancipación de un individuo reducido a la condición de esclavo, sin embargo, el término también se encuentra emparentado con la voz latina libēre que da origen a “libido”[3]. Así, la voz “libertad” además de establecer su valor por oposición a la forma particular de opresión que constituye el esclavismo, presenta un vínculo genético con el deseo y la sensualidad evocados por la palabra clave del vocabulario freudiano.

Una esencia semántica que congrega la anulación de un dispositivo opresor y el apetito por un estado de placer alcanzado mediante la acción del sujeto y su ígnea voluntad de emancipación. El goce de la liberación a partir de la supresión de limitaciones y restricciones incluye entonces una dimensión pasional que permite comprender la equivalencia latina que A. Nebrija le atribuye en el siglo XV a través del término vindicta[4]. La libertad puede entenderse, en esa acepción, como un tipo de venganza determinada por el goce o satisfacción que desagravia los ultrajes recibidos durante el menoscabo anterior a la libertad. El placer de la libertad se impone reparando el estado de opresión material y/o espiritual previo.

La génesis del placer libertario deviene así poíēsis… una trasmutación emancipadora del no-ser al ser. El deseo y la pasión por la libertad resultan los catalizadores para la generación de la obra redentora, un proceso creador que se nutre de la savia de lo inefable, sobrepasando incluso los límites del lenguaje y todo aquel razonamiento que se considera expresable en términos estrictamente científicos y lógicos. L. Wittgenstein, hacia el año 1929 durante una disertación brindada en la Universidad de Cambridge[5], sostenía que la mística de las experiencias sentimentales, éticas o espirituales, llevan al conjunto de los hombres a expresarse según una singular tendencia: la de precipitarse contra los límites del lenguaje[6]. Veamos.

Impromptu

Kikakoku!

 

Ekoralaps!

Wiso kollipanda opolosa.

Ipasatta ih fuo.

Kikakoku proklinthe peteh.

Nikifili mopalexio intipaschi benakaffro – propsa pi! propsa pi!

Jasollu nosaressa flipsei.

Aukarotto passakrussar Kikakoku.

Nupsa pusch?

Kikakoku buluru?

Futupukke – propsa pi!

Jasollu…….

(P. Scheerbart, Kikakoku, 1897)

Kperioum

Kp'_erioum-Hausmann

(R. Hausmann, Kp`erioum, 1919)

 No se trata, como podría pensar nuestro caro y políglota lector, de la transcripción de alguna resplandeciente lengua aborigen del Nuevo Mundo como aquellas estudiadas por religiosos y exploradores europeos desde su llegada a estas tierras. Inscritos en el movimiento dadaísta, los poemas fonéticos que ilustran nuestra propuesta exultan una libertad desafiante a toda opresión lingüística. La sintaxis y la ortografía quedan devastadas ante la potencia de la pasión liberadora y dejan como testimonio estas magníficas formas de libertad.

Ante la vehemencia emancipadora del ser libre, la lengua – este código verbal que R. Barthes[7] durante su lección inaugural en el Collège de France no dudó en calificar de fasciste – se reduce a migajas. Las normas y prescripciones esenciales de la lengua se pulverizan en favor de la expresión libre de las pasiones del ser humano. Estas letras libertarias reflejan, probablemente desde la esfera más intestina y protosemántica del ser humano, su esencia emancipadora y las pulsiones más íntimas que desmoronan violenta y apasionadamente los límites de las estructuras y sistemas culturales instituidos.

Coda

Si la fuerza de la acción liberadora y la participación emancipadora del sujeto son tales que pueden subvertir las estructuras culturales cardinales, como es el caso de la lengua, la insubordinación ideológica ante el despotismo y la podredumbre discursiva dominante resulta no solo viable, sino necesaria. El mismo Barthes que nos advierte sobre el fascismo lingüístico – ese ordo donde se entremezclan servilismo y poder – se inclina por la alternativa literaria como una revuelta permanente que despoja la lengua de todo su dominio opresor.

De la misma forma, la furia de las letras libertarias ante la impostura y la dominación injusta puede plasmarse, en diferentes ámbitos de la vida social, mediante el ejercicio público de la razón y el uso talentoso de la lengua para el continuo cuestionamiento crítico de los discursos que constituyen y legitiman un poder dudoso. Una praxis lingüística liberadora, aquella que cristaliza las libertades de pensamiento, de prensa o política conceptualizadas en el Siglo de las Luces, no puede sino materializar así uno de los más sublimes ideales de la Ilustración: la constitución de una República de las Letras que, a partir de la liberación del intelecto y la palabra, promueva el encuentro en torno a valores comunes y nos permita encarar las múltiples mutaciones experimentadas por las sociedades a escala mundial.

____________________________

*Publicado en Percontari. Revista del Colegio Abierto de Filosofía, No. 7, Santa Cruz de la Sierra, 2015, Págs. 9-10.

[1] Lingüista.

[2] Hannah Arendt. La Crise de la culture, ” Qu’est-ce que la liberté ? “, Paris, Gallimard, 1972, p. 198

[3] Joan Corominas. Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, 3ra ed., Madrid, Gredos, 1987, p. 359

[4] Antonio de Nebrija, Vocabulario español-latino, circa 1495, ed. facsimilar, Madrid, Real Academia Española, 1951.

[5] Dicha disertación salió a la luz en Philosphical Review, vol. LXXIV, n° 1, enero de 1965. Los editores de la revista filosófica indican que se trataría de la única presentación pública hecha por Wittgenstein – un evento que llega hasta nuestros días gracias a las notas estenográficas tomadas F. Waismann, uno de los miembros de la sociedad filosófica “The Heretics” que tuvo el privilegio de escuchar al filósofo de origen austríaco en Cambridge. Christine Chauviré (ed.), Ludwig Wittgenstein: Leçons et Conversations, traducido del inglés por J. Fauve, París, Gallimard, 1971, p. 139.

[6] Nuestro punto de vista se inspira en la referencia presentada por Laurent Devèze a la ocasión de su conferencia sobre la obra de Wittgenstein pronunciada en diciembre de 2014 en el Instituto de Bellas Artes de Besançon.

[7] Roland Barthes, “Leçon inaugurale”, Cátedra de Semiología Literaria, Collège de France, 7 de enero de 1977.

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