Glossae

Fundación de la Asociación Boliviana de Retórica y Análisis del Discurso

Posted in En línea by Marcelo Columba on 11/09/2016
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Andrés Eichmann, Gerardo Ramírez y Alejandra Vitale

Fundación de la Asociación Boliviana de Retórica y Análisis del Discurso

El pasado viernes 9 de septiembre de 2016, en el aula Magna de la Carrera de Derecho de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), ante una entusiasta y nutrida asamblea compuesta por profesionales y estudiosos del lenguaje en las culturas clásicas y contemporáneas, se aprobó formalmente la fundación de la Asociación Boliviana de Retórica y Análisis del Discurso (AboRAd). En dicha oportunidad, se procedió al nombramiento de la Comisión Directiva de la asociación, instancia conformada por Andrés Eichmann (Presidente), Pamela Valdez (Vicepresidenta), Daniel Rubin de Celis (Secretario General), Mónica Navia (Vocal), Marcelo Columba (Vocal) y Ludwig Valverde (Vocal). Asimismo, se estableció el órgano de fiscalización de la asociación compuesto por Andrea Torrez y Sergio Quiroga.

La asociación se propone como fines contribuir al intercambio académico de especialistas en Retórica y Análisis de Discurso a nivel nacional e internacional, promover la investigación en estos ámbitos y difundir sus resultados. De esta manera, la asociación busca contribuir a la mejora de la cultura política, y la promoción tanto de los valores democráticos como de los derechos humanos en el ámbito local.

El nacimiento a la vida pública de la AboRAd llegó a coronar la realización del curso internacional de “Retórica y Análisis del Discurso”, organizado por la Sociedad Boliviana de Estudios Clásicos, y las Carreras de Literatura y de Derecho de la UMSA. Durante cuatro intensos días de formación, pudieron presenciarse las conferencias magistrales de Dr. Gerardo Ramírez Vidal (Universidad Nacional Autónoma de México – UNAM) y la Dra. Alejandra Vitale (Universidad de Buenos Aires – UBA), cuyas intervenciones aproximaron al auditorio al estudio retórico clásico y a las teorías contemporáneas de la argumentación en el discurso. La labor de ambos profesores facilitó insumos centrales y constituyentes para la labor emprendida por la asociación.

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Silala, la controversia de las definiciones

Posted in En línea by Marcelo Columba on 12/06/2016

Chilean Application - Silala

Silala, la controversia de las definiciones

Juan Marcelo Columba Fernández*

El 6 de junio de 2016, el Gobierno chileno presentó una demanda en contra de Bolivia ante la Corte Internacional de Justicia de la Haya (CIJ) por el caso del Silala. El objeto de dicha demanda tiene que ver sustancialmente con la definición de esta palabra, vale decir, con los rasgos esenciales y diferenciales que identifiquen al Silala como una entidad hídrica. Tal definición será dirimida por el órgano jurídico internacional y la importancia de esta estabilización de significado se expresará en consecuencias concretas para los países litigantes, en particular, en lo referente al derecho de uso de aguas.

Una aproximación cuantitativa al vocabulario de la demanda presentada por Chile puede brindarnos, sobre la base de datos empíricos, algunas pistas de lectura sobre la conceptualización que las autoridades del país trasandino realizan en torno al Silala. En primer lugar, la centralidad del nombre propio “Silala” puede constatarse a partir de las altas frecuencias de aparición léxica pues – después de “Chile” y “Bolivia” que cuentan con 121 y 118 apariciones respectivamente – es la palabra más empleada en el documento de la demanda chilena sumando un total de 93 actualizaciones. Asimismo, las altas frecuencias léxicas del documento en cuestión develan un vocabulario hídrico compuesto por sustantivos como “river” (río, 63 veces), “water” (agua, 59 veces), “watercourse” (curso de agua, 31 veces) en la versión documental presentada en inglés.

Por otra parte, las asociaciones terminológicas más significativas por su frecuencia de aparición, constituyen indicadores de mayor precisión para interpretar la definición planteada en el texto de la demanda chilena. Si bien los vínculos entre “Silala” y “River” – vocablos que aparecen de manera contigua en 54 oportunidades – no dejan lugar a dudas sobre la definición del Silala como un río, también se manifiestan otro tipo de nexos entre “Silala” y el vocabulario hídrico anteriormente referido. Así, por su frecuencia de co-aparición, se expresan referencias sobre “the waters of the Silala River” (las aguas del río Silala, 31 veces), su descripción como “the Silala River system” (el sistema del Rio Silala, 10 veces) o su definición explícita en “the Silala River is an international watercourse” (El Río Silala es un curso de agua internacional, 8 veces).

Tal como se puede apreciar en los datos léxicos precedentes, la definición del Silala se enmarca en la invariable referencia a su cualidad fluvial, su identificación como un conjunto de relaciones hídricas y su carácter supra-territorial. La visión estratégica de esta conceptualización, como elemento argumental central, se contrapone a la perspectiva que caracteriza al Silala como un manantial boliviano – aspecto contraargumentado en la solicitud chilena. Sin embargo, más allá del universo semántico hídrico, una comprensión en profundidad del enfoque chileno exige una especial atención a otras relaciones de “Silala” con vocablos como “boundary” (límite) cuya importancia radica en las referencias documentales que señalan el reconocimiento que, anteriormente, habría efectuado Bolivia sobre la cualidad fluvial del Silala. La demanda chilena, insiste en esta relación en enunciados como “The existence of the Silala River was confirmed also by the Bolivian Boundary Commission” (La existencia del Río Silala fue igualmente confirmada por la Comisión Boliviana de Límites). Se trata aquí de un movimiento argumentativo que, a manera de espejo ácueo, recuerda la más reciente estrategia boliviana en la CIJ: la apelación a una serie de documentos en los que Chile se comprometió a encontrar una solución al tema marítimo boliviano.

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* Lingüista

glossae.wordpress.com

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Anexos

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Figura 1 – Relaciones entre “Silala” y otras referencias según las frecuencias de aparición contigua.

Los soberanos argumentos de La Haya

Posted in En línea by Marcelo Columba on 12/05/2015
Orbigny 1833 - Mapa Bolivia

D’Orbigny, Carte générale de la République de Bolivia 1833, BNF.

Adjetivación política y constataciones discursivas sobre el contencioso entre Bolivia y Chile

Juan Marcelo Columba Fernández*

“Demoledora”, “brillante”, “excelente”… jubilosos adjetivos y comparaciones futbolísticas. La certeza de la política criolla. Sería muy divertido evaluar las argumentaciones presentadas por Bolivia ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya en términos de goles, pero la evaluación especializada de los alegatos pareciera sobrepasar las cándidas declaraciones del célebre líbero del rodillazo y de su “insider” izquierdo.

Las patriotísimas declaraciones de los políticos bolivianos en torno al tema no abundaron en detalles sobre el fundamento de sus vehementes epítetos ¿En que basan tales calificaciones? ¿En la adecuación de los alegatos a una normativa internacional? ¿En la coherencia interna de la argumentación? ¿En el balance de los contraargumentos? ¿En la verdad o falsedad de las premisas? ¿En una ética, o bien, una estética argumentativa? – Resultaría interesante una crítica de los discursos argumentativos presentados en la Corte Internacional… – No sé… ¡Mejor alabamos nuestra “superioridad histórica, moral, lógica y argumental”! – Tal vez una breve mención de las obligaciones generadas por los compromisos chilenos, argumento ampliamente desarrollado en los alegatos… – Qué va… ¡Mejor el golazo del universal Messi!

Dejando de lado la seriedad que caracteriza a los gobernantes plurinacionales es posible constatar, a vuelo de pájaro, algunos elementos discursivos vinculados a los alegatos presentados ante la CIJ. En primer lugar, es menester subrayar la dimensión multilingüe de los discursos. Las argumentaciones bolivianas fueron expresadas, en su mayoría, en el idioma del ilustre naturalista Alcide d’Orbigny – lengua cuya enseñanza se encuentra injustamente a la deriva en lo que respecta a las políticas educativas del país. Los alegatos chilenos, de su lado, fueron expresados casi en su totalidad en lengua de Su Majestad la Reina Victoria. El acceso a un conjunto de discursos de estas características hace indispensable un abordaje políglota especializado.

Por otra parte, se puede observar que la frecuencia de uso del término “soberano” (“souverain” en francés y “sovereign” en inglés) incluyendo las derivaciones, alcanzó más de 300 actualizaciones en los discursos de los representantes de ambos países. Esta recurrencia y la ausencia de una definición explícita sobre el concepto de soberanía, habrían suscitado la pregunta final del juez Hisashi Owada sobre la semántica de la expresión “sovereign access to the sea” o acceso soberano al mar. Un aspecto que, en los alegatos bolivianos, parece referirse a la autoridad política que el país aspira recuperar y, en los discursos chilenos, se asocia a lo establecido en el tratado de 1904 firmado al finalizar la Guerra del Pacífico, vale decir, el “dominio absoluto i perpetuo” (sic) del territorio. Queda por ver cómo esta suerte de negociación de sentido, en el ámbito jurídico internacional, podrá resolver el contencioso entre dos naciones hermanas y si  la sentida reivindicación marítima boliviana volverá a ser el objeto de una instrumentalización política.

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Lingüista.

suxta@hotmail.com

Debate democrático y monólogo plurinacional

Posted in En línea by Marcelo Columba on 28/09/2014

Ponchito alteraditoDebate democrático y monólogo plurinacional

Juan Marcelo Columba Fernández*

El actual presidente boliviano y candidato a una tercera reelección consecutiva ha declarado que no debatirá con sus contendientes políticos porque los considera “representantes del imperialismo”. Este banal argumento de descrédito que le permite rehuir el intercambio de ideas, al mismo tiempo, genera especulaciones sobre sus habilidades verbales o cognitivas. Sin embargo, si se considera la peculiar, y no por ello menos efectiva, participación de Morales en escenarios democráticos previos –me refiero al debate electoral organizado por la Asociación de Periodistas de La Paz el año 2002, un encuentro de adversarios con diferentes horizontes políticos y niveles educativos– no se trataría de un problema de capacidad que impide la participación de Morales en la discusión de opiniones políticas, se trataría más bien de un rasgo primario de la administración populista plurinacional: su esencia no-democrática.

En un marco democrático, la elección de un candidato implica el desarrollo de actividades discursivas que permitan obtener la adhesión al proyecto político que éste defiende, normalmente a partir del contraste con otras propuestas que presentan argumentaciones razonadas y despiertan en los individuos la convicción de que su elección será la correcta para el bien de la sociedad. La discusión argumentada sobre las diferentes maneras de alcanzar este bien común ha tomado vital importancia en momentos de construcción o reconquista democrática. Las luchas contra la dictadura a fines de los años setenta, entre otros momentos capitales de la historia boliviana, dejaron un claro testimonio de la necesidad de la liberación de las ideas y plantearon la construcción de una democracia boliviana abierta y plural, donde la resolución del desacuerdo se realice mediante la discusión, la reflexión crítica y el reemplazo de las armas por las palabras.

Negarse a debatir implica despreciar las luchas de recuperación democrática en Bolivia, implica polarizar la sociedad y alentar la intolerancia, implica fomentar los discursos legitimadores del odio y de la violencia. Sin el debate democrático prevalece la barbarie política. Este aborrecimiento de la discusión y de la disidencia intelectual ha permitido a la administración populista plurinacional la generación de un lenguaje no-democrático. Un lenguaje monológico caracterizado por una estética repetitiva y una pobreza expresiva que –como ocurre con el incesante martilleo de los términos “histórico”, “dignidad” o “imperialismo” – configura un registro casi mágico donde las palabras y los gestos se transforman en objetos y prácticas de un ritual de sumisión.

Si bien el proyecto plurinacional en algún momento pudo participar del intercambio razonado e importar adhesión a sus ideas, actualmente carece de la menor capacidad para procesar la crítica y opta, más bien, por tender una larga alfombra roja a la lisonja. El argumento populista que descalifica al interlocutor político no solamente expresa la modorra intelectual y la comodidad del pensamiento único, sino también exhibe el acelerado desgaste del discurso plurinacional. Sin embargo este último aspecto constituye, quizás de manera aún más relevante, el desafío de renovación de la discursividad democrática cuestionando, sobre todo, los referentes autoritarios y lugares comunes verticalistas que habitan el imaginario político boliviano contemporáneo.

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* Lingüista.

suxta@hotmail.com

POLÍTICA DELIBERATIVA Y DISCURSO PARLAMENTARIO

Posted in En línea by Marcelo Columba on 05/07/2013

Palacio_legislativo_XIX-La paz en el siglo XIX_Coleccion Bicentenario_tomo_3-Santillana_2009-v2Aproximaciones al debate sobre Unitarismo y Federalismo en la Asamblea Nacional Boliviana de 1871

Juan Marcelo Columba Fernández[1]

Introducción

Los estrechos vínculos entre la génesis del Derecho, la legitimidad de las normas y el proceso comunicativo inscrito en el ámbito legislativo, llevan a Jürgen Habermas a desarrollar el concepto de “política deliberativa” como un valioso instrumento de análisis de la racionalidad discursiva que valida la producción legal.

El presente ensayo procura acercarse a la concepción de “política deliberativa” haciendo especial énfasis en su característica procedimental comunicativa, en particular, destacando las formas argumentativas y la racionalidad discursiva presentes en este procedimiento democrático, como elementos fundadores de la legitimidad normativa.

En este entendido, mediante la perspectiva procedimental formulada por Habermas, se presenta una breve aproximación a la racionalidad discursiva y fundadora de la norma en el caso del debate sobre la permanencia del unitarismo o la adopción del federalismo en el ordenamiento legal boliviano, en el marco de la Asamblea Nacional de 1871.

La revisión de fragmentos de las discusiones llevadas acabo en la instancia formal de deliberación estudiada, permiten reconstruir la racionalidad discursiva que validó la persistencia del ordenamiento jurídico unitarista en la argumentación de los representantes políticos considerados.

Política deliberativa como procedimiento comunicativo democrático

La concepción procedimental de la política deliberativa en democracia corresponde al planteamiento del sociólogo y filósofo alemán Jürgen Habermas quien, al cuestionarse sobre la fuente de la legitimidad de las normas y del derecho, proyecta su análisis hacia la instancia legislativa con especial énfasis en sus mecanismos comunicativos y argumentativos de deliberación, los cuales habrían de generar una razón procedimental legítima que organizaría políticamente la sociedad:

La cuestión de las condiciones de una génesis del derecho que resulte eficaz en lo que respecta a legitimación, hizo que del amplio espectro de los procesos políticos quedase en primer plano el fragmento que representa la política legislativa. Desde el ángulo de mira de la teoría del derecho he descrito ésta como un proceso que viene diferenciado según formas de argumentación y que incluye negociaciones. En las exigentes condiciones procedimentales y presuposiciones comunicativas, de las que depende la producción legítima del derecho, la razón ponedora de normas y examinadora de normas cobra una forma procedimental.[2]

Esta concepción permite afirmar a Habermas que la política deliberativa, entendida como procedimiento comunicativo, constituye “la pieza nuclear del proceso democrático”[3]. Este procedimiento democrático –bajo condiciones de un adecuado flujo de información, reglas discursivas y formas argumentativas– estaría validado por la producción de una racionalidad operativa de entendimiento y organización social:

Este procedimiento democrático establece una conexión interna entre las consideraciones pragmáticas, los compromisos, los discursos de autoentendimiento y los discursos relativos a justicia y fundamenta la presunción de que bajo las condiciones de un suficiente suministro de información relativa a los problemas de que se trate y de una elaboración de esa información, ajustada a la realidad de esos problemas, se consiguen resultados racionales, o, respectivamente resultados fair. Conforme a esta concepción, la razón práctica se retrae (…) en esas reglas del discurso y formas de argumentación que toman su contenido normativo de la base de validez de la acción orientada al entendimiento (…)[4]

La perspectiva discursiva asumida por Habermas en torno al proceso democrático, plantea la centralidad de la formación de la opinión pública y la voluntad política. En este entendido, el Estado de derecho institucionalizaría procedimientos comunicativos formales y mecanismos de interacción entre la deliberación institucional y las opiniones públicas informales, generando un entendimiento entre instancias colectivas mediante una red democrática de comunicación y racionalización dentro y fuera del parlamento; de ello resultaría un poder comunicativo legítimo susceptible de legalización y de aplicación en la gestión pública:

La teoría del discurso (…) pone en el centro el proceso de formación de la opinión y la voluntad políticas (…) los principios del Estado de derecho los entiende, como ya hemos demostrado, como respuesta consecuente a la cuestión de cómo pueden institucionalizarse las exigentes formas de comunicación de una formación democrática de la opinión y la voluntad políticas (…) Estas comunicaciones, no atribuibles a ningún sujeto global, que se producen dentro y fuera del complejo parlamentario y de sus órganos programados para tomar resoluciones, constituyen ámbitos públicos en los que puede tener lugar una formación más o menos racional de la opinión y de la voluntad acerca de materias relevantes para la sociedad (… )[5]

Para Habermas el procedimiento democrático, que institucionaliza discursos y negociaciones mediante formas comunicativas racionalizadoras, se caracterizaría según postulados referentes a su naturaleza argumentativa e inclusiva, exenta de coerciones y orientada a un acuerdo racional sobre temas de interés general; esto sin perder de vista las deliberaciones democráticas en espacios públicos formales e informales:

(a) Las deliberaciones se efectúan en forma argumentativa, es decir, mediante el intercambio regulado de informaciones y razones (…) (b) Las deliberaciones son inclusivas y públicas (…) (c) Las deliberaciones están exentas de coerciones externas (…) (d) Las deliberaciones están exentas de coerciones internas (…) (e) Las deliberaciones se enderezan en general a alcanzar un acuerdo racionalmente motivado (…) (f) Las deliberaciones políticas se extienden a la totalidad de materias que pueden regularse en interés de todos (…) (g) Las deliberaciones políticas se extienden también a la interpretación de necesidades y al cambio de actitudes y preferencias prepolíticas.[6]

El planteamiento de la política deliberativa, entendida en su dimensión procedimental democrática, permite destacar la dinámica comunicativa en la generación y legitimación de normas al interior del ámbito político. La institucionalización de estos procedimientos comunicativos encuentra en el parlamento un espacio central  para la deliberación formal democrática; un espacio fundador de una racionalidad pública legitimadora de las normas y decisiones en torno al futuro de la colectividad, mediante procedimientos discursivo-argumentativos.

El siguiente apartado se aproxima a algunos argumentos centrales en la racionalidad discursiva que legitimó el orden unitarista boliviano, en contraposición a la propuesta federalista, durante la segunda mitad del siglo XIX. Estas formas argumentativas enmarcadas en un ámbito formal de institucionalización de procedimientos comunicativos democráticos, se materializan en el discurso parlamentario caracterizado como aquel producido en un espacio de debate y producción legislativa[7].

Discurso parlamentario: Unitarismo y Federalismo en la Asamblea Nacional Boliviana de 1871[8]

Los debates parlamentarios[9] en torno a la organización política de Bolivia cobraron singular importancia en la segunda mitad del siglo XX. Después de derrocar al general Mariano Melgarejo en 1871, Agustín Morales asume la presidencia del país y convoca a una Asamblea General Nacional que se instalaría el 18 de junio y en la que participarían destacados jurisconsultos y representantes electos[10]. El debate sobre la propuesta de sustitución del sistema unitario por el federal comenzaría el 28 de agosto y duraría catorce sesiones, votándose finalmente en sentido favorable al sistema unitario; el análisis y debate institucional fue llevado a cabo, entre otras renombradas personalidades, por tribunos de la talla de Lucas Mendoza de la Tapia y Evaristo Valle quienes encabezarían las discusiones sobre la materia[11].

Mendoza de la Tapia defendía el planteamiento de administración federal del país en vistas a una estabilidad y progreso que no habrían sido posibles debido al principio unitarista plasmado en el ordenamiento legal boliviano. Para Mendoza de la Tapia la constante inestabilidad y ineficacia normativa en Bolivia no se debía a los eventuales administradores del país, sino al fundamento unitarista presente en las diferentes constituciones e instituciones estatales:

Ninguna república (…) habrá hecho más constituciones que la nuestra (…) unas han sido tirantes y otras han sido liberales (…) todas ellas han encerrado en su seno algún vicio radical, algún germen común de destrucción (…) no se puede suponer que todos nuestros estadistas hayan sido perversos (…) el principio corrosivo ha estado en el fondo mismo de nuestras instituciones y no puede ser otro que el principio unitario que ha sido el alma de todas ellas. Esta no es un simple conjetura, es una verdad comparada con la experiencia constante de cerca de medio siglo (…)[12]

La propuesta federalista enunciada garantizaba la unidad nacional y la eficiencia en la administración del país, pues la separación de dos ámbitos de gobierno – local y general – no permitiría la escisión, sino una mejor gestión de los intereses regionales como también de los nacionales; se generaría, así, una suerte de patriotismo localista nacido en la atención eficiente de las demandas particulares y, a su vez, se aliviaba de pesadas tareas al gobierno nacional:

Este gobierno lejos de romper la unidad nacional, la fortifica desarrollando y fortificando el sentimiento de la patria, que tiene su raíz en el patriotismo de campanario (…) La soberanía local de los departamentos o estados, no los autoriza para separarse de la unión nacional, sino tan sólo para dirigir y gobernar su respectiva localidad sin intervención del gobierno general. (…) Exonerar al gobierno general de ese cúmulo de atenciones que hoy pesa sobre sus hombros (…) es el único objeto del sistema federativo (…) ¿Quién pondrá mayor esmero en las vías de comunicación vecinal que los mismos vecinos que las frecuentan día y noche?[13]

Por su parte, la oposición a la propuesta federalista enunciada por la enérgica retórica de Valle defendería y legitimaría el unitarismo mediante una argumentación orientada a refutar las aseveraciones de Mendoza de la Tapia sobre la causa de los problemas de debilidad e inestabilidad constitucional; la racionalidad discursiva de Valle insistía en que la ineficacia legal en el país no residía en las instituciones y leyes sino en el carácter y hábitos  perniciosos, resultantes de la humillación colonial española, de los habitantes de estas tierras:

La América Española ha sido educada bajo el más duro y vil coloniaje de la España. La degradación fue el tipo que se imprimió sobre nuestras razas (…) Una raza degradada (…) ha adquirido los vicios consiguientes a la licencia más bien que a la libertad (…) Verdad es que hemos mudado, como dice el señor La Tapia, desde la constitución más liberal hasta la más tirante, y que ninguna ha dado un buen resultado; pero ha olvidado decir que no hemos mudado de hombres, porque aunque han pasado tres generaciones desde la fundación de la República, éstas, lejos de mejorar, han empeorado de costumbres (…)[14]

Asimismo, en relación a la mejor gestión del país postulada por la enunciación federalista, la argumentación a favor del unitarismo ponía en duda la viabilidad administrativa descentralizada ante la ausencia de datos de tipo estadístico sobre los recursos disponibles y los egresos significativos que implicaría, a manera de réplica del unitarismo vigente, el establecimiento burocrático y administrativo de los Estados en el modelo federal; pero sobre todo poniendo en primer plano el fracaso que podría significar una temprana implementación de la organización federalista:

Se dice que en el gobierno federal serán mejor conducidos y manejados los intereses fiscales, mejor atendidos los caminos y demás obras públicas. Pero este raciocinio parte de un falso supuesto, y es el de creer que con la federación habrán grandes sobrantes (…) lo que necesita probarse de contrario, no con argumentos sino con demostraciones numéricas… Lejos, pues, yo de creer que haya ahorros, creo que se duplican los gastos; porque en la organización política de cada Estado, hay que dotar a los representantes (…) El bien señores, no se consigue en un día; todo viene lenta y gradualmente (…) este es el momento menos oportuno para plantear la federación (…)[15]

Las razones esgrimidas por los proponentes y los oponentes plantean una racionalidad discursivo-argumentativa y dialógica fundadora de un orden normativo que gravita en torno a cuestiones como la ineficacia constitucional que habría caracterizado al país desde su fundación y la adecuada gestión pública atribuida a los modelos de organización política centralizado y descentralizado, entre varias otras materias que habrían formado parte de las ideas circulantes en el ámbito público y discutidas en la Asamblea Nacional de 1871 que finalmente optó por mantener el sistema unitarista en Bolivia.

Consideraciones finales

A lo largo del presente escrito se ha podido considerar el planteamiento de la política deliberativa como un procedimiento comunicativo esencial para el orden democrático; un procedimiento cuya naturaleza argumentativa permite legitimar las normas en función a la racionalización discursiva producida en espacios públicos institucionalizados como el Parlamento. La posibilidad de una lectura procedimental de la legitimación de una racionalidad discursiva, se presenta como una valiosa herramienta hermenéutica para la comprensión de la lógica que gobierna las prácticas políticas en una época dada.

El caso deliberativo de la Asamblea Nacional Boliviana de 1871, en torno a la adopción del sistema federal o la permanencia del unitarismo como orden político permite, a partir de la racionalidad discursiva del debate registrado documentalmente, asir elementos substanciales que formaban parte de una lógica política situada históricamente que legitimaría, en última instancia, el unitarismo como base del ordenamiento legal boliviano.

La breve aproximación desarrollada podría ampliarse y profundizar en la descripción mecanismos discursivos propios al discurso parlamentario y el estudio de otros asuntos abordados en las discusiones. Asimismo, cabe mencionar la pertinencia del estudio de los espacios y mecanismos de tipo informal en la formación de la opinión pública y su interacción con ámbitos formales e institucionalizados como es el caso del Parlamento.


Bibliografía

Arguedas, Alcides (1988). Historia general de Bolivia. La Paz. Editorial Juventud.

Diaz Machicado, Porfirio (1968). Antología de la Oratoria Boliviana. La Paz. Los Amigos del Libro.

Habermas, Jürgen (2010). Facticidad y validez. Sobre el derecho y el Estado democrático de derecho en términos de teoría del discurso. Madrid. Trotta.

Marafioti, Roberto (2007). Parlamentos. Teoría de la argumentación y debate parlamentario. Buenos Aires. Biblos.

Mesa, José de; Gisbert, Teresa y Mesa Gisbert, Carlos D. (2007). Historia de Bolivia. La Paz. Editorial Gisbert.


[1] Lingüista. suxta@hotmail.com

[2] Jürgen Habermas. Facticidad y validez. Sobre el derecho y el Estado democrático de derecho en términos de teoría del discurso. Madrid. Trotta. 2010. Pág. 363.

[3] Op. Cit. Pág. 372.

[4] Op. Cit. Pág. 373.

[5] Op. Cit. Pág. 374-375.

[6] Op. Cit. Pág. 382-384.

[7] Roberto Marafioti. Parlamentos. Teoría de la argumentación y debate parlamentario. Buenos Aires. Biblos. 2007. Pág. 99.

[8] La presente sección está basada en un trabajo previo titulado “Reducir los poderes. Federalismo y Argumentación Discursiva en la Convención Nacional Boliviana de 1871”. Disponible en http://eju.tv/2012/09/reducir-los-poderes/ consultado el 25 de noviembre de 2012.

[9] “Parlamentario” se entiende aquí como perteneciente al “Parlamento” que en su acepción común se define como una asamblea o cuerpo legislativo nacional compuesto por representantes electos.

[10] José de Mesa, Teresa Gisbert y Carlos D. Mesa Gisbert. Historia de Bolivia. La Paz. Editorial Gisbert. 2007. Pág. 332.

[11] Alcides Arguedas. Historia general de Bolivia. La Paz. Editorial Juventud. 1988. Pág. 293-295.

[12] En Porfirio Diaz Machicado. Antología de la Oratoria Boliviana. La Paz. Los Amigos del Libro. 1968. Pág. 49.

[13] Op. Cit. Pág. 50-51.

[14] Op. Cit. Pág. 43-44.

[15] Op. Cit. Pág. 45-46.

El peligroso encargo de Dictador Jefe Supremo de la República

Posted in En línea by Marcelo Columba on 22/06/2013

APUNTES SOBRE LA ARGUMENTACIÓN BOLIVARIANA

EN EL DISCURSO DE ANGOSTURA

Juan Marcelo Columba Fernández*

El presente ensayo constituye un acercamiento preliminar a la argumentación presentada en el discurso que el Libertador Simón Bolivar pronunció ante el Congreso Venezolano reunido en la localidad de Angostura el 15 de febrero de 1819. Esta aproximación, inicialmente, expone las ideas fundamentales del discurso bolivariano para, luego, comentar el rol de la imagen del Libertador proyectada en la alocución y los argumentos que destacan en el sustento de la Constitución propuesta por Bolivar. El célebre Discurso de Angostura de Simón Bolivar[1]fundamenta una forma de gobierno de tipo democrático-republicano y se enmarca en una empresa argumentativa que, apoyada en un juego de imágenes discursivas, pretende convencer al Congreso sobre este imperativo de organización política.

Bolivar destaca en el discurso las razones por las cuales la república democrática vendría a ser la mejor forma de organización política del pueblo venezolano. Inicialmente, el Libertador expresa la gran honra y dicha que siente al convocar al Congreso venezolano para devolverle el poder que se le habría conferido como “Dictador y Jefe Supremo de la República”; desde ese momento, los representantes del pueblo tendrían en su poder el destino y la felicidad de Venezuela. A continuación, Bolivar señala que los pueblos innatamente libres tenderían a ser víctimas de gobiernos tiranos y sólo la democracia garantizaría su libertad plena a través de “actos eminentemente liberales”. Asimismo, se señala que el federalismo vendría a ser un modelo inaplicable a la nueva nación dado que su naturaleza es distinta de otros pueblos que lo adoptaron. El Libertador plantea luego que la forma de gobierno republicano – con división de poderes y libertad civil, sin esclavitud ni privilegios –  es el adecuado para Venezuela; un sistema de gobierno que produciría mayor felicidad, seguridad y estabilidad. En este entendido, tanto las instituciones democráticas fortalecidas, como el respeto a la patria, a las leyes, a las autoridades y la unidad del pueblo permitirían la concreción del ideal republicano y democrático de Bolivar.

Mediante una argumentación donde se percibe la presencia de un juego de imágenes, el grandilocuente discurso de Simon Bolivar pretende convencer al Congreso conformado por los representantes del pueblo venezolano, sobre las bondades de un sistema de gobierno republicano y democrático. Una retórica del discurso de la Angostura ameritaría, por su vasta naturaleza, una reflexión pausada y con mayor profundidad, pero inicialmente pueden destacarse tanto los argumentos de base que sostienen la propuesta central del discurso, como el rol de la imagen que el propio “Jefe Supremo de la República” proyecta mediante sus palabras, en el marco de la finalidad persuasiva de la alocución.

En relación a la imagen del orador construida en el discurso, el Libertador en diferentes partes de su intervención intenta proyectar una imagen de sí mismo que se asemeja a la de un soldado que acata disciplinadamente las decisiones de una instancia jerárquica superior representada por el pueblo venezolano; así, cuando presenta su proyecto de Constitución y solicita la indulgencia del pueblo venezolano a través del Congreso pide a su presidente aceptar “… con benignidad este trabajo que más bien es el tributo de mi sincera sumisión al Congreso que el efecto de una levedad presuntuosa.”, de la misma manera, señala que “… la voluntad imperiosa del pueblo…” le había “…sometido al terrible y peligroso encargo de Dictador Jefe Supremo de la República. Pero ya respiro devolviéndoos esta autoridad (…) La continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos.”, expresando así su fiel sometimiento al principio democrático de la alternancia en el poder. Sin embargo, Bolivar no vacila en realizar su planteamiento central de manera imperativa cuando indica que “Un gobierno republicano ha sido, es y debe ser el de Venezuela; sus bases deben ser la soberanía del pueblo: la división de los poderes, la libertad civil, la proscripción de la esclavitud, la abolición de la monarquía y de los privilegios.”; es posible que debido a la necesidad de señalar este enunciado de forma categórica se adopte, a manera de estrategia argumentativa en el discurso, la proyección de una imagen apacible ante el Congreso.

En referencia a la argumentación presentada en el discurso, el aspecto del cambio periódico de mandatarios anteriormente mencionado permite destacar un primer argumento introducido por Bolivar para apoyar su propuesta: la democracia es la forma de organización del poder más adecuada al país dado que evita el despotismo mediante la alternancia política. Asimismo, la argumentación del Libertador fustiga la propuesta de una constitución federalista, debido a la naturaleza distinta de otras naciones que la asumieron, cuando pregunta “… ¿No dice el Espíritu de las Leyes que éstas deben ser propias para el pueblo que se hacen (…) a la religión de los habitantes, a sus inclinaciones, a sus riquezas, a su número, a su comercio, a sus costumbres, a sus modales?”;  el Libertador considera que la mejor opción para el pueblo venezolano, ante un federalismo forastero, es la organización republicana pues se adapta a sus características históricas. Otro argumento a favor de la organización democrática, destacado en la alocución de Bolivar, indica que la libertad y sus actos son el resultado de la democracia; así, Venezuela “Constituyéndose en una República Democrática (…) declaró los derechos del hombre, la libertad de obrar, de pensar, de hablar y de escribir. Estos actos eminentemente liberales jamás serán demasiado admirados por la pureza que los ha dictado.”.

El desarrollo precedente ha pretendido exponer, de manera sucinta, algunos elementos que hacen a la argumentación del discurso político en Latinoamérica. Se ha buscado, desde una lógica discursivo-argumentativa, una aproximación a la elocuencia bolivariana desplegada en la lúcida exposición del fundamento de una organización política democrática y republicana que se apoya en la proyección de una imagen apacible del Libertador, inserta en una estrategia discursiva, ante la necesidad de expresión imperativa del orden político que Bolivar defiende en la presentación de su proyecto de Constitución.


* Linguista. suxta@hotmail.com

[1] En Bolivar, Simón. Doctrina del Libertador. Caracas, Biblioteca Ayacucho (Vol. 1) 22° Ed. 1979.

Federalismo y Argumentación Discursiva en la Convención Nacional Boliviana de 1871

Posted in En línea by Marcelo Columba on 24/09/2012

“Reducir los poderes”

Federalismo y Argumentación Discursiva en la

Convención Nacional Boliviana de 1871

Juan Marcelo Columba Fernández*

El año 1871, el presidente boliviano Agustín Morales promovió la realización de una Convención Nacional para debatir las transformaciones que habría de asumir el país después del sexenio de gobierno de Mariano Melgarejo. La discusión en torno a la organización política de la república era parte de las temáticas fundamentales en la Convención y el planteamiento federalista fue motivo de álgidos debates en oposición a la postura unitarista y conservadora de la época. Si bien esta última logró imponerse, los debates sobre descentralización del poder se extenderán hasta finales del siglo XIX. El siguiente ensayo pretende aproximarse sucintamente a los lineamientos argumentativos presentes en las alocuciones de prominentes oradores y hombres políticos de la época quienes planteaban una alternativa federalista de organización en el país. Mediante el examen de los discursos de Lucas Mendoza de la Tapia y Nataniel Aguirre (1), durante su participación en la Convención Nacional de 1871, se intentará comprender las perspectivas del proyecto federalista boliviano planteado en sus alocuciones.

En Bolivia, la pugna entre la adopción del gobierno federal y la continuación del gobierno unitario en la administración del poder se habría presentado en  la Convención Nacional de 1871, a partir de una marcada influencia del federalismo norteamericano y el unitarismo francés al interior de las élites intelectuales locales (2).  En ocasión de la Convención Nacional el diputado por Cochabamba, Lucas Mendoza de la Tapia, encabezaría una enérgica corriente de opinión que defendía férreamente el planteamiento de administración federal del país, señalando las bondades que este sistema aportaría a su estabilidad y progreso; avances que no había alcanzado una república prisionera del principio unitarista plasmado en el ordenamiento legal de la época.

Para Mendoza de la Tapia la constante inestabilidad política en Bolivia no se debía a los eventuales administradores del país, sino al fundamento unitarista presente en las diferentes constituciones e instituciones estatales:

Ninguna república (…) habrá hecho más constituciones que la nuestra (…) todas ellas han encerrado en su seno algún vicio radical, algún germen común de destrucción (…) no se puede suponer que todos nuestros estadistas hayan sido perversos (…) el principio corrosivo ha estado en el fondo mismo de nuestras instituciones y no puede ser otro que el principio unitario que ha sido el alma de todas ellas.

En el planteamiento del diputado cochabambino, el federalismo garantizaba la unidad nacional y la eficiencia en la administración del país, pues la separación de dos ámbitos de gobierno – local y general – no permitía la escisión, sino una mejor gestión de los intereses regionales como también de los nacionales; se generaba, así, una suerte de patriotismo localista nacido en la atención eficiente de las demandas particulares y, a su vez, se aliviaba de pesadas tareas  al gobierno nacional:

Este gobierno lejos de romper la unidad nacional, la fortifica desarrollando y fortificando el sentimiento de la patria, que tiene su raíz en el patriotismo de campanario. (…) La soberanía local de los departamentos o estados, no los autoriza para separarse de la unión nacional, sino tan sólo para dirigir y gobernar su respectiva localidad sin intervención del gobierno general. (…)  Exonerar al gobierno general de ese cúmulo de atenciones que hoy pesa sobre sus hombros (…) es el único objeto del sistema federativo (…) ¿Quién pondrá mayor esmero en las vías de comunicación vecinal que los mismos vecinos que las frecuentan día y noche?

Entre los destacados oradores  que participan en la defensa ideológica de la alternativa federalista durante la Convención Nacional, encontramos al connotado escritor, abogado y diplomático Nataniel Aguirre quien, en la misma línea de Mendoza de la Tapia, denuncia el presidencialismo asfixiante que caracteriza al sistema unitarista boliviano; una forma de gobierno que ocultaría, bajo una máscara republicana, la concentración exagerada del poder generalmente en torno a un caudillo militar:

… pretendemos ser una república conservando todos los inconvenientes, abusos y hasta las formas del cesarismo y la monarquía; creemos que el título de Presidente que damos al que nos domina nos autoriza a llamarnos enfáticamente republicanos (…) con raras excepciones, los presidentes de Bolivia se elevan a la silla del grande Sucre por voluntad del Ejército de los pretorianos que aclaman al general de su elección (…) si él es el supremo dispensador de todo bien, el arbitro de la Nación, como que no puede fundarse un templo o construirse una fuente pública sin su orden, como que nadie puede ser Vocal de una Corte Suprema, portero del juzgado, Obispo o Sochantre, sin un nombramiento firmado de su puño. 

Ante la toma de conciencia de las contrariedades que provocaría el unitarismo, Aguirre aboga por una adopción inmediata del sistema federal para la organización política de la república; el ilustre escritor considera que, en aras del orden y de la libertad, el federalismo puede asumir cierta elasticidad y descentralizar el poder adecuándose a las características de la sociedad boliviana evitando, así, la adopción irreflexiva de modelos extranjeros:

… señores diputados, una vez sentida por todos la necesidad de reformar nuestras instituciones políticas, una vez que se comprende la ventaja de reducir los poderes a una esfera regular y armónica, no podemos vacilar por un momento (…) la forma federativa misma es susceptible de adaptarse a las necesidades de un pueblo (…) No queremos, no, colocar a Bolivia en el lecho de Procusto; no queremos hacerla “yanquee” (…) Queremos establecer una forma de gobierno que satisfaga las principales aspiraciones del pueblo; las aspiraciones de orden y de libertad…

Las ideas federalistas planteadas en el debate habrían sido objetadas, fundamentalmente, a partir del temor a la división y disolución del país expresado en el discurso de la oposición unitarista; aún así, la demanda por descentralización encontraría cabida formal en la organización de los municipios, pensados a manera de preámbulo al sistema federal, pero éstos también habrían de enfrentar otras resistencias posteriores, fundamentalmente, en lo que refiere a la administración de las rentas (3). Hacia el fines del siglo XIX en Bolivia, la palabra “federalismo” despertaría aún un sentimiento constante de reivindicación de autonomía local; los movimientos federalistas de 1877 surgidos en Santa Cruz y en Cochabamba, además de aquel suscitado en Chuquisaca en 1881, mostrarían esta tendencia profunda en el sociedad boliviana (4).

La segunda mitad del siglo XIX en Bolivia, estuvo profundamente marcada por demandas progresistas de descentralización del poder formuladas con un horizonte federalista. A pesar de la trascendencia y la tenacidad en la exigencia de autonomías locales, persistió el añoso orden unitarista y no fue posible establecer los consensos políticos necesarios para asumir la forma de gobierno federal. Las líneas argumentativas que apoyaban al federalismo destacaban su eficiencia y el sentimiento de unidad nacional que producía en los ciudadanos al momento de adaptarse dúctilmente a la satisfacción de sus necesidades particulares; por otra parte, la argumentación a favor de este sistema condenaba la inestabilidad política – asociada a los caprichos del militarismo – y la centralización excesiva del poder originadas en la organización unitaria de la república.

Cabe mencionar que las discusiones contemporáneas sobre la descentralización político-administrativa expresadas en las demandas de autonomía y la recurrencia de argumentos a favor de un sistema auténticamente descentralizado – como también de argumentos contrarios – son muestras inequívocas de la vigencia de la problemática anteriormente señalada. “Reducir los poderes”, como señalara a la época el insigne Nataniel Aguirre, es aún hoy una tarea irresuelta e insoslayable en la construcción de un mejor futuro para la sociedad boliviana.

* Lingüista. Profesor universitario.


Notas:

(1) En Diaz Machicado, Porfirio (1968). Antología de la Oratoria Boliviana. La Paz. Los Amigos del Libro.

(2) Valencia Vega, Alipio (2010). Teoría Política. Pensamiento Político en Bolivia y América – Teoría del Estado. Tomo II. 9° edición. La Paz. Editorial G.U.M.

(3) Rodríguez Ostria, Gustavo (1995). Estado y Municipio en Bolivia. La Ley de Participación Popular en una Perspectiva Histórica. La Paz. Ministerio de Desarrollo Sostenible y Medio Ambiente.

(4) Demelas, Danièle (1980). Nationalisme sans nation? La Bolivie aux XIX°-XX° siècles. Paris. Éditions du C.N.R.S.

PALABRAS DEL PRESIDENTE

Posted in Impresos by Marcelo Columba on 03/03/2010

 

Las Palabras del Presidente y el Análisis del Discurso Político Boliviano

El discurso político y sus maneras de argumentar, en el caso particular de la renuncia presidencial de marzo de 2005 en Bolivia, son estudiados en el libro titulado “Palabras del Presidente”, donde se analiza la actividad del lenguaje político en los discursos que emitió el Ex Presidente de la República de Bolivia, Carlos D. Mesa Gisbert, con motivo de la primera de dos dimisiones a la más alta investidura del Estado.

La obra, que articula las perspectivas lingüística, retórica y pragmática para el análisis de los discursos del ex mandatario, es la sexta entrega de la colección de Investigadores Nóveles editada por el Instituto de Estudios Bolivianos de la Universidad Mayor de San Andrés.

El análisis de discurso realizado, se centra en el examen de las formas argumentativas por las cuales el hombre político interviene en el convulsionado contexto de la vida política nacional de los primeros meses del año 2005, donde las ciudades de Santa Cruz y El Alto sintetizaron la polarización en la cual se encontraba el país a causa de las denominadas agendas “de Enero” y “de Octubre” que reivindicaban las demandas de Autonomías Departamentales, en el oriente boliviano, y la realización de la Asamblea Constituyente, en el occidente del país. Esta polarización, además de problemas ligados a la aprobación de una Ley de hidrocarburos en el Congreso Nacional y la amenaza del entonces diputado Evo Morales de bloquear de las principales rutas carreteras del país, desembocaron en la renuncia de marzo del Jefe de Estado.

“Palabras del Presidente” es un libro que, al analizar los fenómenos discursivos y la situación de comunicación que los originan, constituye  un trabajo pionero en el ámbito de los estudios sobre el discurso político en Bolivia y permite comprender la génesis de los procesos sociales que actualmente enfrenta el país.


Columba Fernández, Juan Marcelo (2009). Palabras del presidente. Análisis argumentativo de los discursos del 6, 8 y 10 de marzo de 2005. La Paz, Bolivia: Instituto de Estudios Bolivianos / Universidad Mayor de San Andrés.


CONSULTABLE EN:

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La Estrella del Oriente

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REPRESENTACIÓN DEL AUDITORIO EN EL DISCURSO DEL PRESIDENTE MORALES

Posted in Impresos by Marcelo Columba on 03/03/2010

COLUMBA, J. (2009). Notas sobre la representación del auditorio en el discurso inaugural del presidente Morales. Miradas. 2, 7-21. La Paz. Carrera de lingüística e idiomas – Universidad Mayor de San Andrés

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EL AUDITORIO Y LA ARGUMENTACIÓN DISCURSIVA

Posted in Impresos by Marcelo Columba on 03/03/2010

COLUMBA, J. (2005). El Auditorio en la Argumentación Discursiva: consideraciones comunicacionales sobre el fenómeno. Encuentro. 1, 75-89. La Paz. Instituto de Estudios Bolivianos – Universidad Mayor de San Andrés.

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