Glossae

Percontari XII

Posted in Impresos by Marcelo Columba on 02/03/2017

percontari_xiiRevista del Colegio Abierto de Filosofía debate sobre la injusticia

El duodécimo número de Percontari, la revista del Colegio Abierto de Filosofía, dedica su tema central a la injusticia.

Colaboran con sus reflexiones Fernando Molina, Guillermo Taberner Márquez, Juan Marcelo Columba-Fernández, Fernando Mires, Andrés Canseco Garvizu, Alfonso Roca, Juan Carlos Porcel, Luis Christian, Ricardo Alonzo Fernandez Salguero, Carolina Pinckert, Eynar Rosso, Christian Canedo, Mario Mercado Callaú, Emilio Martínez, Marco Antonio del Rio, Roberto Barbery Anaya y María Claudia Salazar Oroza.

Además, se cuenta con las ilustraciones de Juan Carlos Porcel y como artista invitado Jamir Johanson. Los ejemplares se pueden adquirir en LewyLibros o Librería Café Ateneo.

La revista puede descargarse en formato digital aquí.

Fuente: www.eju.tv

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II Simposio Internacional sobre Narrativas Bolivianas

Posted in En línea by Marcelo Columba on 29/11/2016

15168799_1015332958589998_9034533112026601061_oLa argentina ciudad de Córdoba será el escenario del II Simposio Internacional sobre Narrativas Bolivianas, evento que se llevará a cabo los días 22 y 23 de marzo de 2017. El encuentro tiene el objetivo de conformar una red multidisciplinaria de lectura e intercambio en torno a la literatura, el pensamiento y el arte bolivianos. Bajo la coordinación general de Magdalena González Almada, los ejes del simposio engloban temáticas como las poéticas de la imagen, las dislocaciones de la lengua, las corporalidades y las subjetividades, los archivos y las lenguas coloniales, las relaciones entre literatura y migración, entre otros variados tópicos que se discutirán en el evento. La recepción de resúmenes se realizará hasta el 20 de diciembre de 2016, los mismos que deberán ser enviados a la dirección de correo electrónico : simposionarrativasbolivianas@gmail.com

Segunda circular II Simposio Internacional sobre Narrativas Bolivianas

Percontari XI

Posted in Impresos by Marcelo Columba on 28/11/2016

percontari-xiEl Colegio Abierto de Filosofía presentó el número XI de su revista trimestral “Percontari”. En esta entrega de 76 páginas, el tema central es la utopía.

Colaboran con sus reflexiones HCF Mansilla, Tomás Abraham, Julio Cole, Fernando Mires, Andrés Canseco Garvizu, Juan Marcelo Columba Fernández, Juan Carlos Porcel, Gustavo Pinto Mosqueira, Carolina Pinckert, Marco Antonio del Rio, José Nostas, Mario Mercado Callaú, Emilio Martínez, Roberto Barbery Anaya y María Claudia Salazar Oroza.

Además, se cuenta con las ilustraciones de Juan Carlos Porcel y, como artista invitada, Renate Hollweg Urizar.

La publicación impresa está disponible en Lewy Libros y El Ateneo. La versión digital puede descargarse aquí.

Fuente: http://eju.tv/

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Percontari X

Posted in Impresos by Marcelo Columba on 29/08/2016

percontari xEl décimo número de Percontari, la revista del Colegio Abierto de Filosofía, tiene por tema central lo humano.

Colaboran con sus reflexiones H.C.F. Mansilla, Gustavo Pinto Mosqueira, Guillermo Taberner Márquez, Juan Marcelo Columba Fernandez, Emilio Martínez, Mario Mercado Callaú, Jorge Roberto Marquez Meruvia, Christian Andrés Aramayo Arce, Pablo Antonio Sanjinés Rojas, Luis Christian, Christian Canedo, Marco Antonio del Rio, Carolina Pinckert, Eynar Rosso, Roberto Barbery Anaya y María Claudia Salazar Oroza. Además, se cuenta con las ilustraciones de Juan Carlos Porcel.

Los ejemplares pueden adquirirse en Lewylibros o Librería Ateneo. La revista también puede descargarse aquí.

Fuente: http://eju.tv/2016/08/revista-del-colegio-de-filosofia-aborda-lo-humano/

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Dos años con Percontari

Posted in Impresos by Marcelo Columba on 19/06/2016

 

scan044Dos años con Percontari

Juan Marcelo Columba Fernández*

En tiempos de decadencia política, de asfixiantes imaginarios culturales y de indigencia intelectual, la más reciente publicación del Colegio Abierto de Filosofía, “Percontari I”, llega al insolado público boliviano a manera de una refrescante brisa libertaria impelida desde los llanos literarios orientales. El libro colectivo que concita nuestra atención compila dos años de un infatigable y caballeresco esfuerzo editorial e intelectual, articulado por un resplandeciente círculo de pensadores libres asociados en torno a las nobles y placenteras actividades de razonar y redactar.

El cuestionamiento, elemento etimológico resaltado en el nombre de la obra, deviene el catalizador que propulsa la admirable tarea de Percontari. A la límpida luz del uso público de la razón, los autores se interrogan acerca de la esencia de conceptos de orden universal. La exploración conjunta plasma en sus páginas el resultado de una inquebrantable voluntad de conocimiento que honra una tradición filosófica regional, vigorosa ya desde el siglo XIX en los escritos cartesianos y liberales de Oyola Cuellar.

El ávido lector que se aventura a hojear este libro entabla cordiales y enriquecedores diálogos con Platón y Sartre, Aristóteles y Jaspers, Arentd y Popper, Schopenhauer y Rousseau, Eco y Epícuro, Descartes y Bunge, Nietzsche y Marx entre otros muchos pensadores de diferentes latitudes y variados horizontes intelectuales, invitados todos ellos a un fraternal ágape de la palabra razonada.

Asimismo, entusiasta como es el lector, observará en este conjunto textual una marcada orientación hacia dicotomías existenciales como la vida y la muerte, u oposiciones éticas entre el bien y el mal pero, fundamentalmente, encontrará en Percontari la anemogénesis emancipadora de las miradas presentadas en la obra: la libertad.

Sea este breve comentario una invitación para que el gentil e inquieto lector, se deje llevar por este céfiro polícromo y etéreo, la encarnación de un hálito novator en el paisaje del pensamiento filosófico contemporáneo en Bolivia.

Post scriptum. Ya que la historia de los textos no puede desligarse de aquella de los hombres permítaseme mencionar, a manera de dichoso apéndice verbal, que la “belle trouvaille” de tan singular publicación tuvo lugar durante la Feria Internacional del Libro de Santa Cruz de la Sierra, en junio de 2014, cuando la estética neoclasicista y la materia filosófica anunciada en el primer número de la Revista Percontari, tomaron por asalto la retina distraída de un peregrino bibliófilo preguntón.

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* Lingüista

glossae.wordpress.com

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Verbalizando el poder

Posted in En línea by Marcelo Columba on 30/05/2016

Verbalizando el poder*

Discurso-Un jour, Un discours, encore un!-Clothilde LasserreJuan Marcelo Columba Fernández**

El sustantivo “poder”, en su acepción de dominio ejercido sobre alguien, no puede ser concebido sino al interior de una lógica de influencia entre los individuos involucrados. En ese sentido, el ejercicio de autoridad que implica el poder encuentra dos vías intrínsecamente ligadas en la perspectiva de influir políticamente sobre el otro: el lenguaje y la acción. Inicialmente, podría concebirse entre ambas una relación causal pues resulta difícil imaginar una acción política que no sea resultado de palabras y las ideas que evocan, sin embargo, ello no parece ser tan evidente cuando se confirma que el uso del lenguaje constituye, en sí mismo, una acción. El presente texto, a partir de reflexiones desarrolladas en el marco de las ciencias del lenguaje, pretende discurrir fugazmente en torno a una concepción praxeológico-verbal del poder para, posteriormente, evocar algunas maneras de representación de los interlocutores involucrados en el discurso de autoridad.

La materialización verbal del poder

Hacia la segunda mitad del siglo XX, el lingüista E. Benveniste definía el discurso como toda enunciación que suponga un locutor con la intención de influenciar un interlocutor, asimismo, el académico francés concebía la enunciación como la puesta en marcha de la lengua mediante un acto individual de utilización[1]. Esta concepción se inscribe en una dimensión praxeológica del lenguaje, donde los usos verbales constituyen acciones que se registran materialmente y actúan sobre el mundo. Desde esta mirada, las palabras no se evaporan necesariamente en el viento. Ellas adquieren una consistencia propia al manifestarse como hechos e inscribirse en una dinámica de influencia al interior de la vida social.

Esto resulta aún más evidente en el ámbito político donde la actividad verbal ocupa un lugar central como fundamento de la acción no-verbal pero, sobre todo, como materia prima del quehacer político. En este espacio, el discurso magnifica la influencia ejercida por un locutor mediante el lenguaje, pues las posibilidades verbales de persuasión no se encuentran solamente orientadas hacia micro-interacciones, sino hacia la totalidad de ciudadanos que deliberan sobre las decisiones más convenientes en relación a un porvenir común.

En un prolijo estudio sobre el discurso político P. Charaudeau[2] ha señalado que este tipo de acto lingüístico se funda en tres principios: de alteridad, de influencia y de regulación. El primero establece que todo acto verbal se realiza, ineludiblemente, en función de un interlocutor; el segundo señala que, una vez establecido el vínculo entre los participantes de la comunicación, el locutor busca que el interlocutor piense, diga o actúe según su intención; y el tercero indica que, habiendo la posibilidad de que el interlocutor tenga su propio proyecto de influencia, los participantes del acto comunicativo se ven forzados a una gestión del vínculo establecido entre ellos. Sobre esta base, el proyecto de influencia del locutor adquiriría una fuerza de acción únicamente desde el momento en que el enunciador, sirviéndose de una posibilidad de amenaza o gratificación, sitúa a su interlocutor en una posición de sumisión desde la cual estaría forzado a ejecutar una acción. Desde una perspectiva foucaultiana, estaríamos frente al establecimiento de un orden, en su doble sentido de organización y prescripción, que mediante el uso estratégico de un vocabulario y distinciones conceptuales internalizadas por los sujetos, construye una dramaturgia del poder y una manera específica de pensar el mundo[3].

En este marco, resulta posible postular una materialización verbal del poder entendido como la instauración de una relación comunicativa de dominación entre los participantes del intercambio lingüístico. Una relación de fuerza, de naturaleza socio-verbal, se instaura así entre una instancia política y una instancia ciudadana, desde el momento en que representantes y aquellos quienes delegan tal representación se sitúan en el lugar social que les asigna este ordo verbal. Las posibilidades de este zócalo analítico nos permiten bosquejar, a continuación, algunas maneras de asir los retratos verbales de los participantes del acto de enunciación política.

Imágenes de gobernantes y gobernados en el discurso político

Si bien el vínculo entre emisor y receptor políticos, normalmente viene establecido de antemano, la instancia política productora del discurso necesita evocar constantemente su propia imagen y la de su auditorio buscando, así, legitimar su lugar de autoridad y fortalecer la relación de influencia establecida con su interlocutor.

En la retórica aristotélica, la noción de ethos (personaje, en griego) designa la imagen de sí mismo construida en el discurso[4]. Dicha concepción constituye una vía de acceso a la aprehensión de la auto-representación discursiva del orador político. El ethos está conformado, grosso modo, por los rasgos del orador que son susceptibles de favorecer el trabajo persuasivo. Este autorretrato verbal del orador político puede entonces manifestar, de manera explícita, una legitimación de su posición de autoridad en enunciados como “[yo] represento a un Gobierno cuya legitimidad está probada por la adhesión militante de la mayoría de la comunidad nacional”.[5] El discurso ostenta, en este caso, la fuente de autoridad colectiva que encarna su emisor. El orador político justifica, así, su lugar de poder y de palabra, en la espera de que esta legitimidad verbal sea asumida por el auditorio sometido al influjo discursivo.

De manera análoga, el discurso permite la construcción verbal del interlocutor como parte de una estrategia de influencia. La perspectiva neo-retórica concibe al auditorio como una construcción del orador[6] y, en ese sentido, resulta posible la elaboración de un segundo perfil verbal que legitime la relación de poder establecida entre los participantes del intercambio comunicativo. Si consideramos el enunciado “[…] la salvación de aquello por lo que apostamos a lo largo de nuestra vida […] pasa por la capacidad que ustedes tengan de dar generosamente a Bolivia un gobierno estable”,[7] se observa que el orador político representa un auditorio próvido, que está dispuesto a abandonar la agitación social y a asumir el lugar de sumisión atribuido por la instancia gobernante.

Una problemática político-verbal

La praxis política contemporánea no pude concebirse al margen de la actividad lingüística. En ella, la enunciación misma deviene un acto de poder que, intrínsecamente, busca la adhesión del auditorio hacia las ideas expresadas por el orador político. Así, las “palabras del poder” que constituyen el discurso político instauran, a partir de la aceptación de lugares sociales asignados a los interlocutores, una autoridad que se materializa y se legitima verbalmente.

En este marco, el trabajo de legitimación pasa por la elaboración de imágenes discursivas de los participantes del intercambio comunicativo. Estas maneras de representación, entre otros numerosos mecanismos verbales orientados a la persuasión, no sólo juegan un rol cardinal en la fundamentación de la autoridad del orador político, sino también en el consentimiento de su auditorio en torno a la imagen que, desde el poder, se le asigna.

La centralidad verbal en el ámbito político debe entenderse también en una dimensión dinámica, en particular, en lo referente a las posibilidades de generación de nuevas perspectivas de poder que subviertan los lugares preestablecidos por los modelos discursivos precedentes. En este caso, el ímpetu retórico de los ciudadanos libres genera un “poder de las palabras” que, desde una posición insumisa y de resistencia, proyecta nuevas formas políticas cuyo brío deviene esencial en la evolución de las sociedades y su búsqueda infatigable del bien común.

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*Publicado en Percontari. Revista del Colegio Abierto de Filosofía, No. 9, Santa Cruz de la Sierra, 2016, Págs. 14-16.

**Lingüista.

[1] É. Benveniste, Problèmes de linguistique générale II. París: Gallimard, 1974, pp. 80, 242.

[2] P. Charaudeau, Le discours politique: Les masques du pouvoir. Paris: Viubert, 2005, p. 12.

[3] F. Heindereich y G. Schaal. Introduction à la philosophie politique. Paris: CNRS Éditions, 2009, pp. 327-328.

[4] P. Charaudeau y D. Maingueneau, Dictionnaire d´analyse du discours. Paris: Seuil, 2002, p. 238.

[5] H. Banzer, “Discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas”, 1975.

[6] Ch. Perelman y L. Olbrecht-Tyteca. Traité de l´argumentation: La nouvelle rhétorique. 5ta edición. Bruselas: Editions de l´Université de Bruxelles, 2000, p. 25.

[7] C. Mesa, “Discurso de investidura presidencial”, 2004.

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Percontari IX

Posted in Impresos by Marcelo Columba on 30/05/2016

percontari 9El noveno número de Percontari, la revista del Colegio Abierto de Filosofía, ya está disponible en las librerías y en la Feria del Libro de Santa Cruz.

En esta entrega, la publicación tiene al poder como tema central. Colaboran con sus reflexiones H.C.F Mansilla, Alfonso Roca, Fernando Molina, Emilio Martínez, Juan Marcelo Columba Fernandez, Gustavo Pinto Mosqueira, Carolina Pinckert, Blas Aramayo Guerrero, Andrés Canseco Garvizu, Luis Christian, Christian Canedo, Mario Mercado Callaú, Roberto Barbery Anaya y María Claudia Salazar Oroza. Además, se cuenta con las ilustraciones de Juan Carlos Porcel.

Fuente: http://eju.tv/2016/05/revista-del-colegio-filosofia-reflexiona-poder/

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Donde coexisten las diferencias

Posted in En línea by Marcelo Columba on 01/03/2016

evolucion vocalesDonde coexisten las diferencias*

Juan Marcelo Columba Fernández [1]

Salvo la excepción de dirigirme a un extraordinario lector ermitaño – cuyo acceso a este escrito en los tiempos que corren también constituiría un hecho extraordinario – vivimos rodeados de un conjunto variopinto de hombres y mujeres que nos brindan su agradable o desagradable compañía. Como muchas otras especies cohabitamos un mismo espacio con ese alguien, ese otro, ese extraño que, al cabo de un tiempo y tal vez algunas copas, ya no resulta tan ajeno, tan lejano.

¿Cómo definir la convivencia? Lexicalmente no ocasiona grandes problemas cuando vemos que el prefijo y el verbo latinos se articulan, dando origen a una nueva forma en la lengua de Castilla. El término que refiere al hecho de vivir en compañía de otros, forma parte de nuestro vocabulario general y también de nuestro de sentido común.

Si nos acercamos al mismo desde un punto de vista filosófico ¡tamaño prefijo y tamaño verbo! Desde el alba de nuestra civilización, numerosos pensadores han orientado sus reflexiones hacia la definición de aquello que denominamos “vivir” – ni hablar de las orientaciones científicas de orden biológico y sus frondosos taxones orgánicos. Por su parte, el prefijo latino no resulta menos conflictivo, si consideramos que “con-” remite al otro, a esa alteridad que, inherentemente, nos resulta forastera y gracias a la cual nuestro propio ser llega a definirse, paulatinamente, en su travesía por el mundo.

Las posibilidades de un tratamiento exhaustivo en este breve impulso textual me parecen exiguas, sin embargo, considero que el hecho de “existir” en compañía de ese “otro” remite no solamente a una problemática de orden universal y de actualidad imperecedera, sino también a un principio de pluralismo en la vida de nuestras sociedades. De esta manera quisiera esbozar, si me lo permite el convivial lector, una fugaz percepción sobre la vida del verbo para tratar de entender el sentido de la amigable voz que deviene, en esta ocasión, el objeto de nuestro interés.

Un lugar de convivencia

A riesgo de adoptar un aire arcangélico, puede resultar provechoso cavilar sobre la vida de las palabras como una forma de entender las maneras de convivencia. La existencia de los vocablos, el hecho de ser utilizados por los individuos al interior de sus sociedades, constituye un fenómeno a la vez simbólico y humano que probablemente representa mejor que ningún otro nuestra esencia como seres en el mundo.

Las palabras existen al interior de un conjunto de lenguas que cohabitan vastos y pequeños territorios. Las alrededor de 23 lenguas francesas, las 43 lenguas bolivianas, las 280 lenguas cameruneses, las 520 nigerianas, las 447 indias o las 706 indonesias, solo por mencionar algunos casos citados en el catálogo Ethnologue, pueden brindar una perspectiva más amplia de las posibilidades de cohabitación lingüística. Asimismo, estos y todos los idiomas del mundo viven al lado de cálidos dialectos y cordiales acentos que manifiestan los poiquilotérmicos temperamentos de sus pueblos.

Al interior de todas estas lenguas coexisten miles de palabras. Nacidas de la melodía del aire y de la cinética animal, las hay cultas y populares, buenas y malas, viejas y nuevas. Existen palabras tristes y alegres, algunas simples y otras complejas, unas misteriosas y las otras evidentes, ciertas vienen de lejos y otras de muy cerca. Todas ellas albergando en su interior un ensamble armonioso de consonantes y vocales, prefijos y sufijos, fonemas y morfemas.

Uno de los filólogos más lúcidos del siglo XX, F. Saussure, nos ha permitido entender la lengua como un sistema de signos y, tal vez algo más importante, de considerar el valor de cada uno de ellos como el resultado de las diferencias existentes al interior de esta totalidad. La lengua, ese lugar donde conviven las diferencias, necesita de una pluralidad que permita su funcionamiento y otorgue sentido a su acción ¿Podrían nuestras sociedades pensarse como totalidades fundadas en la coexistencia de diferencias?

Las lenguas, reflejo de los hombres

Tanto en la lengua como en la sociedad ninguna convivencia resulta sencilla. Las recias tensiones también hacen parte de esta existencia común. Parte de la naturaleza de la convivencia parece residir en pugnas por establecer una mayor presencia – visiblemente un asunto de poder y de voluntad humana. Así, en la lengua resulta habitual que los vocablos nuevos luchen por desplazar a los viejos, los cultos pugnen por desterrar a los populares o los buenos pretendan confinar a los malos.

Afortunadamente, no toda tensión origina un conflicto verbicida. Al contrario, muchas veces éste produce una especie de inter-adaptación. Tal vez un caso ejemplar para nuestra reflexión, no el único pero uno de los más visibles, sea el de las voces extranjeras. Ellas resumen la esencia de la convivencia verbal, pues estas palabras se adaptan a la lengua que las recibe pero también la modifican, le dan un nuevo color, crean nuevos giros, nuevas maneras de pensar el mundo ¿Cuán válida puede resultar esta analogía si pensamos en la inter-adaptación de los seres humanos que coexisten al interior de una misma sociedad?

Las lenguas reflejan la naturaleza de los hombres. Me resisto a creer en las lenguas como los entes fantasmagóricos y abstractos descritos en grises y polvorientas gramáticas. Las lenguas-efigie, las lenguas-monumento, la estética monolítica de la muerte. Haríamos mejor en acercarnos a ellas a través de sus manifestaciones espontáneas, a través de su encarnación en las voces jubilosas o quebradas de los hombres. Comprenderlas a partir de la interacción con el otro, con el que habla raro, con el que habla diferente, con el que habla mal, con el que habla bien, con el que habla otra lengua, con el que no habla ¡He ahí un sublime ideal de convivencia inherente a nuestra condición humana!

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*Publicado en Percontari. Revista del Colegio Abierto de Filosofía, No. 8, Santa Cruz de la Sierra, 2016, Págs. 5-6.

[1] Lingüista.

Percontari VIII

Posted in Impresos by Marcelo Columba on 01/03/2016

percEl octavo número de Percontari, la revista del Colegio Abierto de Filosofía, tiene como tema central la convivencia.

Colaboran con sus reflexiones Andrés Canseco Garvizu, Juan Marcelo Columba Fernandez, Gustavo Adolfo Navarro Occhiuzzo, Eynar Rosso, Fernando Molina, Carolina Pinckert, Mario Mercado Callaú, Luis Christian Rivas, Christian Canedo, Marco Antonio del Rio y María Claudia Salazar Oroza. Además, se cuenta con las ilustraciones de Juan Carlos Porcel.

Se pueden adquirir los ejemplares en LewyLibros y Librería Ateneo.

Fuente: http://eju.tv/2016/02/colegio-abierto-filosofia-publica-octavo-numero-revista/

Sobre algunas formas literarias de la libertad

Posted in En línea by Marcelo Columba on 06/12/2015
Libertad - Nebrija circa1495

“Libertad”, Vocabulario español-latino, Nebrija, 1495.

Sobre algunas formas literarias de la libertad*

Juan Marcelo Columba-Fernández[1]

 

Lo que los estetas deben esforzarse en enseñar a la juventud,   es que la poesía para manifestarse no requiere de medidas, que el metro, por ser matemática, es su yugo, siendo que la poesía es la libertad en acción, en plena belleza de emoción

Arturo Borda

Lúbrica, vibrante, voluptuosa… una acústica vernácula que evoca more naturae su empíreo contenido. Su seductora sonoridad disuelve la arbitrariedad sígnica y, ebluisante, cautiva el alma de su impetuoso auditor. Aún si los presuntuosos nacionalismos militaristas y sus melodías de guerra tornan a la bella infortunada en vampiresa, ella resguarda con recelo el fuego de su genio emancipador. Advertido, así, del carácter y la sensualidad cautivadora de la palabra, intrépido lector, propongo una fugaz e insubordinada disonancia nocional en torno de la voz “libertad” y algunas de sus manifestaciones verbales.

Precipitarse contra los límites del lenguaje

Volcánica y etérea, la hechicera expresión designa el estado de aquel sujeto concreto que tiene la facultad de obrar o no hacerlo, aquel ser investido bajo el noble epíteto “libre”. Es el acto de “liberar”, sin embargo, el que provoca el surgimiento de una nueva condición del ser en su tensa relación con el mundo. La performatividad del verbo – la acción producida al pronunciarlo – le otorga una cualidad hierática cuya potencia creadora deviene cardinal en diferentes episodios de la historia local y universal. Esta relación entre el sujeto libre y el acto de liberar, entre el agente y la acción, fue abordada por destacados pensadores contemporáneos, entre ellos H. Arendt quien, en un ensayo en torno a la libertad publicado originalmente en 1961, señala que tanto el ser libre como el acto que origina tal libertad no forman sino una sola unidad[2].

¿Cuál la naturaleza del estado producido por esta sintética dualidad? La etimología del término puede brindarnos elementos de respuesta. El verbo latino liberare refiere en principio a la emancipación de un individuo reducido a la condición de esclavo, sin embargo, el término también se encuentra emparentado con la voz latina libēre que da origen a “libido”[3]. Así, la voz “libertad” además de establecer su valor por oposición a la forma particular de opresión que constituye el esclavismo, presenta un vínculo genético con el deseo y la sensualidad evocados por la palabra clave del vocabulario freudiano.

Una esencia semántica que congrega la anulación de un dispositivo opresor y el apetito por un estado de placer alcanzado mediante la acción del sujeto y su ígnea voluntad de emancipación. El goce de la liberación a partir de la supresión de limitaciones y restricciones incluye entonces una dimensión pasional que permite comprender la equivalencia latina que A. Nebrija le atribuye en el siglo XV a través del término vindicta[4]. La libertad puede entenderse, en esa acepción, como un tipo de venganza determinada por el goce o satisfacción que desagravia los ultrajes recibidos durante el menoscabo anterior a la libertad. El placer de la libertad se impone reparando el estado de opresión material y/o espiritual previo.

La génesis del placer libertario deviene así poíēsis… una trasmutación emancipadora del no-ser al ser. El deseo y la pasión por la libertad resultan los catalizadores para la generación de la obra redentora, un proceso creador que se nutre de la savia de lo inefable, sobrepasando incluso los límites del lenguaje y todo aquel razonamiento que se considera expresable en términos estrictamente científicos y lógicos. L. Wittgenstein, hacia el año 1929 durante una disertación brindada en la Universidad de Cambridge[5], sostenía que la mística de las experiencias sentimentales, éticas o espirituales, llevan al conjunto de los hombres a expresarse según una singular tendencia: la de precipitarse contra los límites del lenguaje[6]. Veamos.

Impromptu

Kikakoku!

 

Ekoralaps!

Wiso kollipanda opolosa.

Ipasatta ih fuo.

Kikakoku proklinthe peteh.

Nikifili mopalexio intipaschi benakaffro – propsa pi! propsa pi!

Jasollu nosaressa flipsei.

Aukarotto passakrussar Kikakoku.

Nupsa pusch?

Kikakoku buluru?

Futupukke – propsa pi!

Jasollu…….

(P. Scheerbart, Kikakoku, 1897)

Kperioum

Kp'_erioum-Hausmann

(R. Hausmann, Kp`erioum, 1919)

 No se trata, como podría pensar nuestro caro y políglota lector, de la transcripción de alguna resplandeciente lengua aborigen del Nuevo Mundo como aquellas estudiadas por religiosos y exploradores europeos desde su llegada a estas tierras. Inscritos en el movimiento dadaísta, los poemas fonéticos que ilustran nuestra propuesta exultan una libertad desafiante a toda opresión lingüística. La sintaxis y la ortografía quedan devastadas ante la potencia de la pasión liberadora y dejan como testimonio estas magníficas formas de libertad.

Ante la vehemencia emancipadora del ser libre, la lengua – este código verbal que R. Barthes[7] durante su lección inaugural en el Collège de France no dudó en calificar de fasciste – se reduce a migajas. Las normas y prescripciones esenciales de la lengua se pulverizan en favor de la expresión libre de las pasiones del ser humano. Estas letras libertarias reflejan, probablemente desde la esfera más intestina y protosemántica del ser humano, su esencia emancipadora y las pulsiones más íntimas que desmoronan violenta y apasionadamente los límites de las estructuras y sistemas culturales instituidos.

Coda

Si la fuerza de la acción liberadora y la participación emancipadora del sujeto son tales que pueden subvertir las estructuras culturales cardinales, como es el caso de la lengua, la insubordinación ideológica ante el despotismo y la podredumbre discursiva dominante resulta no solo viable, sino necesaria. El mismo Barthes que nos advierte sobre el fascismo lingüístico – ese ordo donde se entremezclan servilismo y poder – se inclina por la alternativa literaria como una revuelta permanente que despoja la lengua de todo su dominio opresor.

De la misma forma, la furia de las letras libertarias ante la impostura y la dominación injusta puede plasmarse, en diferentes ámbitos de la vida social, mediante el ejercicio público de la razón y el uso talentoso de la lengua para el continuo cuestionamiento crítico de los discursos que constituyen y legitiman un poder dudoso. Una praxis lingüística liberadora, aquella que cristaliza las libertades de pensamiento, de prensa o política conceptualizadas en el Siglo de las Luces, no puede sino materializar así uno de los más sublimes ideales de la Ilustración: la constitución de una República de las Letras que, a partir de la liberación del intelecto y la palabra, promueva el encuentro en torno a valores comunes y nos permita encarar las múltiples mutaciones experimentadas por las sociedades a escala mundial.

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*Publicado en Percontari. Revista del Colegio Abierto de Filosofía, No. 7, Santa Cruz de la Sierra, 2015, Págs. 9-10.

[1] Lingüista.

[2] Hannah Arendt. La Crise de la culture, ” Qu’est-ce que la liberté ? “, Paris, Gallimard, 1972, p. 198

[3] Joan Corominas. Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, 3ra ed., Madrid, Gredos, 1987, p. 359

[4] Antonio de Nebrija, Vocabulario español-latino, circa 1495, ed. facsimilar, Madrid, Real Academia Española, 1951.

[5] Dicha disertación salió a la luz en Philosphical Review, vol. LXXIV, n° 1, enero de 1965. Los editores de la revista filosófica indican que se trataría de la única presentación pública hecha por Wittgenstein – un evento que llega hasta nuestros días gracias a las notas estenográficas tomadas F. Waismann, uno de los miembros de la sociedad filosófica “The Heretics” que tuvo el privilegio de escuchar al filósofo de origen austríaco en Cambridge. Christine Chauviré (ed.), Ludwig Wittgenstein: Leçons et Conversations, traducido del inglés por J. Fauve, París, Gallimard, 1971, p. 139.

[6] Nuestro punto de vista se inspira en la referencia presentada por Laurent Devèze a la ocasión de su conferencia sobre la obra de Wittgenstein pronunciada en diciembre de 2014 en el Instituto de Bellas Artes de Besançon.

[7] Roland Barthes, “Leçon inaugurale”, Cátedra de Semiología Literaria, Collège de France, 7 de enero de 1977.