Glossae

Donde coexisten las diferencias

Posted in En línea by Marcelo Columba on 01/03/2016

evolucion vocalesDonde coexisten las diferencias*

Juan Marcelo Columba Fernández [1]

Salvo la excepción de dirigirme a un extraordinario lector ermitaño – cuyo acceso a este escrito en los tiempos que corren también constituiría un hecho extraordinario – vivimos rodeados de un conjunto variopinto de hombres y mujeres que nos brindan su agradable o desagradable compañía. Como muchas otras especies cohabitamos un mismo espacio con ese alguien, ese otro, ese extraño que, al cabo de un tiempo y tal vez algunas copas, ya no resulta tan ajeno, tan lejano.

¿Cómo definir la convivencia? Lexicalmente no ocasiona grandes problemas cuando vemos que el prefijo y el verbo latinos se articulan, dando origen a una nueva forma en la lengua de Castilla. El término que refiere al hecho de vivir en compañía de otros, forma parte de nuestro vocabulario general y también de nuestro de sentido común.

Si nos acercamos al mismo desde un punto de vista filosófico ¡tamaño prefijo y tamaño verbo! Desde el alba de nuestra civilización, numerosos pensadores han orientado sus reflexiones hacia la definición de aquello que denominamos “vivir” – ni hablar de las orientaciones científicas de orden biológico y sus frondosos taxones orgánicos. Por su parte, el prefijo latino no resulta menos conflictivo, si consideramos que “con-” remite al otro, a esa alteridad que, inherentemente, nos resulta forastera y gracias a la cual nuestro propio ser llega a definirse, paulatinamente, en su travesía por el mundo.

Las posibilidades de un tratamiento exhaustivo en este breve impulso textual me parecen exiguas, sin embargo, considero que el hecho de “existir” en compañía de ese “otro” remite no solamente a una problemática de orden universal y de actualidad imperecedera, sino también a un principio de pluralismo en la vida de nuestras sociedades. De esta manera quisiera esbozar, si me lo permite el convivial lector, una fugaz percepción sobre la vida del verbo para tratar de entender el sentido de la amigable voz que deviene, en esta ocasión, el objeto de nuestro interés.

Un lugar de convivencia

A riesgo de adoptar un aire arcangélico, puede resultar provechoso cavilar sobre la vida de las palabras como una forma de entender las maneras de convivencia. La existencia de los vocablos, el hecho de ser utilizados por los individuos al interior de sus sociedades, constituye un fenómeno a la vez simbólico y humano que probablemente representa mejor que ningún otro nuestra esencia como seres en el mundo.

Las palabras existen al interior de un conjunto de lenguas que cohabitan vastos y pequeños territorios. Las alrededor de 23 lenguas francesas, las 43 lenguas bolivianas, las 280 lenguas cameruneses, las 520 nigerianas, las 447 indias o las 706 indonesias, solo por mencionar algunos casos citados en el catálogo Ethnologue, pueden brindar una perspectiva más amplia de las posibilidades de cohabitación lingüística. Asimismo, estos y todos los idiomas del mundo viven al lado de cálidos dialectos y cordiales acentos que manifiestan los poiquilotérmicos temperamentos de sus pueblos.

Al interior de todas estas lenguas coexisten miles de palabras. Nacidas de la melodía del aire y de la cinética animal, las hay cultas y populares, buenas y malas, viejas y nuevas. Existen palabras tristes y alegres, algunas simples y otras complejas, unas misteriosas y las otras evidentes, ciertas vienen de lejos y otras de muy cerca. Todas ellas albergando en su interior un ensamble armonioso de consonantes y vocales, prefijos y sufijos, fonemas y morfemas.

Uno de los filólogos más lúcidos del siglo XX, F. Saussure, nos ha permitido entender la lengua como un sistema de signos y, tal vez algo más importante, de considerar el valor de cada uno de ellos como el resultado de las diferencias existentes al interior de esta totalidad. La lengua, ese lugar donde conviven las diferencias, necesita de una pluralidad que permita su funcionamiento y otorgue sentido a su acción ¿Podrían nuestras sociedades pensarse como totalidades fundadas en la coexistencia de diferencias?

Las lenguas, reflejo de los hombres

Tanto en la lengua como en la sociedad ninguna convivencia resulta sencilla. Las recias tensiones también hacen parte de esta existencia común. Parte de la naturaleza de la convivencia parece residir en pugnas por establecer una mayor presencia – visiblemente un asunto de poder y de voluntad humana. Así, en la lengua resulta habitual que los vocablos nuevos luchen por desplazar a los viejos, los cultos pugnen por desterrar a los populares o los buenos pretendan confinar a los malos.

Afortunadamente, no toda tensión origina un conflicto verbicida. Al contrario, muchas veces éste produce una especie de inter-adaptación. Tal vez un caso ejemplar para nuestra reflexión, no el único pero uno de los más visibles, sea el de las voces extranjeras. Ellas resumen la esencia de la convivencia verbal, pues estas palabras se adaptan a la lengua que las recibe pero también la modifican, le dan un nuevo color, crean nuevos giros, nuevas maneras de pensar el mundo ¿Cuán válida puede resultar esta analogía si pensamos en la inter-adaptación de los seres humanos que coexisten al interior de una misma sociedad?

Las lenguas reflejan la naturaleza de los hombres. Me resisto a creer en las lenguas como los entes fantasmagóricos y abstractos descritos en grises y polvorientas gramáticas. Las lenguas-efigie, las lenguas-monumento, la estética monolítica de la muerte. Haríamos mejor en acercarnos a ellas a través de sus manifestaciones espontáneas, a través de su encarnación en las voces jubilosas o quebradas de los hombres. Comprenderlas a partir de la interacción con el otro, con el que habla raro, con el que habla diferente, con el que habla mal, con el que habla bien, con el que habla otra lengua, con el que no habla ¡He ahí un sublime ideal de convivencia inherente a nuestra condición humana!

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*Publicado en Percontari. Revista del Colegio Abierto de Filosofía, No. 8, Santa Cruz de la Sierra, 2016, Págs. 5-6.

[1] Lingüista.

Percontari VIII

Posted in Impresos by Marcelo Columba on 01/03/2016

percEl octavo número de Percontari, la revista del Colegio Abierto de Filosofía, tiene como tema central la convivencia.

Colaboran con sus reflexiones Andrés Canseco Garvizu, Juan Marcelo Columba Fernandez, Gustavo Adolfo Navarro Occhiuzzo, Eynar Rosso, Fernando Molina, Carolina Pinckert, Mario Mercado Callaú, Luis Christian Rivas, Christian Canedo, Marco Antonio del Rio y María Claudia Salazar Oroza. Además, se cuenta con las ilustraciones de Juan Carlos Porcel.

Se pueden adquirir los ejemplares en LewyLibros y Librería Ateneo.

Fuente: http://eju.tv/2016/02/colegio-abierto-filosofia-publica-octavo-numero-revista/

Sobre algunas formas literarias de la libertad

Posted in En línea by Marcelo Columba on 06/12/2015
Libertad - Nebrija circa1495

“Libertad”, Vocabulario español-latino, Nebrija, 1495.

Sobre algunas formas literarias de la libertad*

Juan Marcelo Columba-Fernández[1]

 

Lo que los estetas deben esforzarse en enseñar a la juventud,   es que la poesía para manifestarse no requiere de medidas, que el metro, por ser matemática, es su yugo, siendo que la poesía es la libertad en acción, en plena belleza de emoción

Arturo Borda

Lúbrica, vibrante, voluptuosa… una acústica vernácula que evoca more naturae su empíreo contenido. Su seductora sonoridad disuelve la arbitrariedad sígnica y, ebluisante, cautiva el alma de su impetuoso auditor. Aún si los presuntuosos nacionalismos militaristas y sus melodías de guerra tornan a la bella infortunada en vampiresa, ella resguarda con recelo el fuego de su genio emancipador. Advertido, así, del carácter y la sensualidad cautivadora de la palabra, intrépido lector, propongo una fugaz e insubordinada disonancia nocional en torno de la voz “libertad” y algunas de sus manifestaciones verbales.

Precipitarse contra los límites del lenguaje

Volcánica y etérea, la hechicera expresión designa el estado de aquel sujeto concreto que tiene la facultad de obrar o no hacerlo, aquel ser investido bajo el noble epíteto “libre”. Es el acto de “liberar”, sin embargo, el que provoca el surgimiento de una nueva condición del ser en su tensa relación con el mundo. La performatividad del verbo – la acción producida al pronunciarlo – le otorga una cualidad hierática cuya potencia creadora deviene cardinal en diferentes episodios de la historia local y universal. Esta relación entre el sujeto libre y el acto de liberar, entre el agente y la acción, fue abordada por destacados pensadores contemporáneos, entre ellos H. Arendt quien, en un ensayo en torno a la libertad publicado originalmente en 1961, señala que tanto el ser libre como el acto que origina tal libertad no forman sino una sola unidad[2].

¿Cuál la naturaleza del estado producido por esta sintética dualidad? La etimología del término puede brindarnos elementos de respuesta. El verbo latino liberare refiere en principio a la emancipación de un individuo reducido a la condición de esclavo, sin embargo, el término también se encuentra emparentado con la voz latina libēre que da origen a “libido”[3]. Así, la voz “libertad” además de establecer su valor por oposición a la forma particular de opresión que constituye el esclavismo, presenta un vínculo genético con el deseo y la sensualidad evocados por la palabra clave del vocabulario freudiano.

Una esencia semántica que congrega la anulación de un dispositivo opresor y el apetito por un estado de placer alcanzado mediante la acción del sujeto y su ígnea voluntad de emancipación. El goce de la liberación a partir de la supresión de limitaciones y restricciones incluye entonces una dimensión pasional que permite comprender la equivalencia latina que A. Nebrija le atribuye en el siglo XV a través del término vindicta[4]. La libertad puede entenderse, en esa acepción, como un tipo de venganza determinada por el goce o satisfacción que desagravia los ultrajes recibidos durante el menoscabo anterior a la libertad. El placer de la libertad se impone reparando el estado de opresión material y/o espiritual previo.

La génesis del placer libertario deviene así poíēsis… una trasmutación emancipadora del no-ser al ser. El deseo y la pasión por la libertad resultan los catalizadores para la generación de la obra redentora, un proceso creador que se nutre de la savia de lo inefable, sobrepasando incluso los límites del lenguaje y todo aquel razonamiento que se considera expresable en términos estrictamente científicos y lógicos. L. Wittgenstein, hacia el año 1929 durante una disertación brindada en la Universidad de Cambridge[5], sostenía que la mística de las experiencias sentimentales, éticas o espirituales, llevan al conjunto de los hombres a expresarse según una singular tendencia: la de precipitarse contra los límites del lenguaje[6]. Veamos.

Impromptu

Kikakoku!

 

Ekoralaps!

Wiso kollipanda opolosa.

Ipasatta ih fuo.

Kikakoku proklinthe peteh.

Nikifili mopalexio intipaschi benakaffro – propsa pi! propsa pi!

Jasollu nosaressa flipsei.

Aukarotto passakrussar Kikakoku.

Nupsa pusch?

Kikakoku buluru?

Futupukke – propsa pi!

Jasollu…….

(P. Scheerbart, Kikakoku, 1897)

Kperioum

Kp'_erioum-Hausmann

(R. Hausmann, Kp`erioum, 1919)

 No se trata, como podría pensar nuestro caro y políglota lector, de la transcripción de alguna resplandeciente lengua aborigen del Nuevo Mundo como aquellas estudiadas por religiosos y exploradores europeos desde su llegada a estas tierras. Inscritos en el movimiento dadaísta, los poemas fonéticos que ilustran nuestra propuesta exultan una libertad desafiante a toda opresión lingüística. La sintaxis y la ortografía quedan devastadas ante la potencia de la pasión liberadora y dejan como testimonio estas magníficas formas de libertad.

Ante la vehemencia emancipadora del ser libre, la lengua – este código verbal que R. Barthes[7] durante su lección inaugural en el Collège de France no dudó en calificar de fasciste – se reduce a migajas. Las normas y prescripciones esenciales de la lengua se pulverizan en favor de la expresión libre de las pasiones del ser humano. Estas letras libertarias reflejan, probablemente desde la esfera más intestina y protosemántica del ser humano, su esencia emancipadora y las pulsiones más íntimas que desmoronan violenta y apasionadamente los límites de las estructuras y sistemas culturales instituidos.

Coda

Si la fuerza de la acción liberadora y la participación emancipadora del sujeto son tales que pueden subvertir las estructuras culturales cardinales, como es el caso de la lengua, la insubordinación ideológica ante el despotismo y la podredumbre discursiva dominante resulta no solo viable, sino necesaria. El mismo Barthes que nos advierte sobre el fascismo lingüístico – ese ordo donde se entremezclan servilismo y poder – se inclina por la alternativa literaria como una revuelta permanente que despoja la lengua de todo su dominio opresor.

De la misma forma, la furia de las letras libertarias ante la impostura y la dominación injusta puede plasmarse, en diferentes ámbitos de la vida social, mediante el ejercicio público de la razón y el uso talentoso de la lengua para el continuo cuestionamiento crítico de los discursos que constituyen y legitiman un poder dudoso. Una praxis lingüística liberadora, aquella que cristaliza las libertades de pensamiento, de prensa o política conceptualizadas en el Siglo de las Luces, no puede sino materializar así uno de los más sublimes ideales de la Ilustración: la constitución de una República de las Letras que, a partir de la liberación del intelecto y la palabra, promueva el encuentro en torno a valores comunes y nos permita encarar las múltiples mutaciones experimentadas por las sociedades a escala mundial.

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*Publicado en Percontari. Revista del Colegio Abierto de Filosofía, No. 7, Santa Cruz de la Sierra, 2015, Págs. 9-10.

[1] Lingüista.

[2] Hannah Arendt. La Crise de la culture, ” Qu’est-ce que la liberté ? “, Paris, Gallimard, 1972, p. 198

[3] Joan Corominas. Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, 3ra ed., Madrid, Gredos, 1987, p. 359

[4] Antonio de Nebrija, Vocabulario español-latino, circa 1495, ed. facsimilar, Madrid, Real Academia Española, 1951.

[5] Dicha disertación salió a la luz en Philosphical Review, vol. LXXIV, n° 1, enero de 1965. Los editores de la revista filosófica indican que se trataría de la única presentación pública hecha por Wittgenstein – un evento que llega hasta nuestros días gracias a las notas estenográficas tomadas F. Waismann, uno de los miembros de la sociedad filosófica “The Heretics” que tuvo el privilegio de escuchar al filósofo de origen austríaco en Cambridge. Christine Chauviré (ed.), Ludwig Wittgenstein: Leçons et Conversations, traducido del inglés por J. Fauve, París, Gallimard, 1971, p. 139.

[6] Nuestro punto de vista se inspira en la referencia presentada por Laurent Devèze a la ocasión de su conferencia sobre la obra de Wittgenstein pronunciada en diciembre de 2014 en el Instituto de Bellas Artes de Besançon.

[7] Roland Barthes, “Leçon inaugurale”, Cátedra de Semiología Literaria, Collège de France, 7 de enero de 1977.

Lenguas, burocracia y estatutos autonómicos

Posted in En línea by Marcelo Columba on 27/08/2015
http://basementgeographer.com/

Bolivia, lenguas regionales.

Lenguas, burocracia y estatutos autonómicos

Juan Marcelo Columba Fernández*

Desde la promulgación de la constitución boliviana de 2009, el Estado ha concentrado sus esfuerzos en materia de lenguas a la implementación de una política intervencionista que intenta promocionar los idiomas “originarios” en el país. El éxito ornamental de los románticos clichés lingüísticos proferidos en arengas políticas o en textos de ley, contrasta con los resultados de una política lingüística que se ha constreñido al ámbito de la administración y la educación públicas. En lo que respecta a este intervencionismo lingüístico, dos eventos recientes llaman la atención: el primero, el vencimiento del plazo dado por las autoridades plurinacionales para que los funcionarios públicos aprendan un idioma regional y, el segundo, la redacción de artículos específicos sobre los idiomas oficiales contenidos en los estatutos autonómicos departamentales, documentos que serán  próximamente sometidos a un referéndum en el occidente boliviano.

En relación al primer aspecto, la promoción de un bilingüismo obligatorio en la administración pública – tanto por el ámbito en el cual se desarrolla como por la necesidad de certificación para mantener un puesto laboral – parece consolidar una suerte de “burocracia lingüística”. Esta reducción de la vida de las lenguas a deslucidos certificados, un conjunto de papeles y trámites implantados artificiosamente para desarrollar una actividad administrativa, también incluye una dimensión política presente en la etimología del sustantivo: los certificados y papeles materializan el poder (gr. cratia) de la administración (fr. bureau) y, en este caso, implican una sumisión ciudadana al cuestionable imaginario lingüístico de los gobernantes de turno.

Sobre el segundo aspecto, llama grandemente la atención la peculiar concepción de las lenguas presente en ciertos estatutos autonómicos de los departamentos del occidente boliviano. Así según los artículos correspondientes a los idiomas, en los estatutos de La Paz (Art. 2) y Cochabamba (Art. 6), algunas lenguas son más oficiales que otras. En ese sentido, existe una incoherencia entre la constitución boliviana vigente, que señala el carácter oficial de “todos los idiomas” (Art. 5), y los estatutos que solamente atribuyen a algunos idiomas un carácter oficial. Los estatutos en cuestión presentan una lógica que supera la célebre sátira animalesca orwelliana, y exhiben en cuerpo entero la seriedad y profesionalismo de sus redactores. Lo que no se puede dejar de advertir, en casos como el del estatuto paceño y cochabambino, es el andino-centrismo que origina una división entre lenguas andinas “oficiales” y lenguas amazónicas “no-oficiales” ¿Cuáles son los criterios para tal segregación?

Para la desdicha de los hablantes reales, el lírico rescate estatal de los idiomas “originarios” parece diluirse, por una parte, en una pesada, ineficiente y rígida burocracia lingüística y, por otra, en una perversión ideológica que niega el carácter oficial a las lenguas amazónicas. Un claro retroceso en la promoción de los idiomas regionales originado en la sobredimensión de un rol estatal, cuyas contradicciones internas incrementan la burocracia y segregan las lenguas mediante la recreación de una arbitraria jerarquía entre los idiomas oficiales y no-oficiales.

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* Lingüista

suxta@hotmail.com

Los soberanos argumentos de La Haya

Posted in En línea by Marcelo Columba on 12/05/2015
Orbigny 1833 - Mapa Bolivia

D’Orbigny, Carte générale de la République de Bolivia 1833, BNF.

Adjetivación política y constataciones discursivas sobre el contencioso entre Bolivia y Chile

Juan Marcelo Columba Fernández*

“Demoledora”, “brillante”, “excelente”… jubilosos adjetivos y comparaciones futbolísticas. La certeza de la política criolla. Sería muy divertido evaluar las argumentaciones presentadas por Bolivia ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya en términos de goles, pero la evaluación especializada de los alegatos pareciera sobrepasar las cándidas declaraciones del célebre líbero del rodillazo y de su “insider” izquierdo.

Las patriotísimas declaraciones de los políticos bolivianos en torno al tema no abundaron en detalles sobre el fundamento de sus vehementes epítetos ¿En que basan tales calificaciones? ¿En la adecuación de los alegatos a una normativa internacional? ¿En la coherencia interna de la argumentación? ¿En el balance de los contraargumentos? ¿En la verdad o falsedad de las premisas? ¿En una ética, o bien, una estética argumentativa? – Resultaría interesante una crítica de los discursos argumentativos presentados en la Corte Internacional… – No sé… ¡Mejor alabamos nuestra “superioridad histórica, moral, lógica y argumental”! – Tal vez una breve mención de las obligaciones generadas por los compromisos chilenos, argumento ampliamente desarrollado en los alegatos… – Qué va… ¡Mejor el golazo del universal Messi!

Dejando de lado la seriedad que caracteriza a los gobernantes plurinacionales es posible constatar, a vuelo de pájaro, algunos elementos discursivos vinculados a los alegatos presentados ante la CIJ. En primer lugar, es menester subrayar la dimensión multilingüe de los discursos. Las argumentaciones bolivianas fueron expresadas, en su mayoría, en el idioma del ilustre naturalista Alcide d’Orbigny – lengua cuya enseñanza se encuentra injustamente a la deriva en lo que respecta a las políticas educativas del país. Los alegatos chilenos, de su lado, fueron expresados casi en su totalidad en lengua de Su Majestad la Reina Victoria. El acceso a un conjunto de discursos de estas características hace indispensable un abordaje políglota especializado.

Por otra parte, se puede observar que la frecuencia de uso del término “soberano” (“souverain” en francés y “sovereign” en inglés) incluyendo las derivaciones, alcanzó más de 300 actualizaciones en los discursos de los representantes de ambos países. Esta recurrencia y la ausencia de una definición explícita sobre el concepto de soberanía, habrían suscitado la pregunta final del juez Hisashi Owada sobre la semántica de la expresión “sovereign access to the sea” o acceso soberano al mar. Un aspecto que, en los alegatos bolivianos, parece referirse a la autoridad política que el país aspira recuperar y, en los discursos chilenos, se asocia a lo establecido en el tratado de 1904 firmado al finalizar la Guerra del Pacífico, vale decir, el “dominio absoluto i perpetuo” (sic) del territorio. Queda por ver cómo esta suerte de negociación de sentido, en el ámbito jurídico internacional, podrá resolver el contencioso entre dos naciones hermanas y si  la sentida reivindicación marítima boliviana volverá a ser el objeto de una instrumentalización política.

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Lingüista.

suxta@hotmail.com

La lengua… ese monolito burocrático

Posted in En línea by Marcelo Columba on 16/11/2014

Bob MacDonald - Bureaucrat - v2

La lengua… ese monolito burocrático

La aversión plurinacional por la variedad lingüística

Juan Marcelo Columba Fernández*

“La motivación psicológica de la anti-lengua es la falta de

un verdadero contacto con la vida” (Calvino)

La semana pasada finalizó en Bolivia el primer Congreso internacional de lengua y cultura aimara, un evento auspiciado por el Ministerio de educación plurinacional que, a decir de los organizadores, busca incorporar elementos relacionados con esta lengua en el modelo educativo del país. Lamentablemente, además de haber albergado deplorables expresiones de aversión por la diversidad lingüística –en relación a la propia lengua aimara– el congreso fue el escenario para la reafirmación de la fibra autoritaria plurinacional sobre la cuestión de lenguas en Bolivia.

Las ideas decimonónicas sobre el miedo a la diversidad lingüística y la tendencia homogeneizadora de la lengua parecen circular con inusitado aliento entre los funcionarios plurinacionales y la élite que pretende decidir el futuro de los hablantes de la lengua andina. La angustia de los burócratas por la vitalidad de las diferentes formas que adoptan las palabras aimaras en la región les lleva a decretar la homogeneización de la lengua, esto es, su petrificación. Esta visión concibe la diversidad lingüística como un estorbo al interior de una lengua, considera los dialectos aimaras como problemas en lugar de admitirlos como sistemas de signos de igual valor –una cohabitación de sistemas al interior de aquel conjunto mayor que se designa bajo el término “lengua”.

Esta visión monolítica es reivindicada, paradójicamente, por los defensores del nuevo modelo educativo “intercultural, intracultural y plurilingüe”. La infecundidad de esta perspectiva homogeneizante se permite incluso “[…] conminar a la gente que trabaja en instituciones públicas y privadas a que se concientice y se capaciten en el idioma, porque de lo contrario tendrá que ser despedida” (sic), ello en una nueva muestra autoritaria de la visión burocrática que percibe la lengua como un trámite. Se trata aquí de una miopía plurinacional que antepone su “deber ser lingüístico” al “ser lingüístico” de los individuos y no le permite aproximarse a la realidad de los hablantes en la Bolivia contemporánea –un contexto donde la imposición de una segunda lengua parece haber erosionado la dinámica natural del multilingüismo en la región.

Una “educación lingüística y democrática” en Bolivia –a la par de aquella desarrollada en la Italia de la postguerra– preocupada por la realidad del hablante y su herencia lingüístico-cultural más que por su buena o mala conjugación de paradigmas verbales, una educación que se interese más por la funcionalidad de la lengua que por su idealización artificial y gramaticalizada, debería enseñar a entender y apreciar la variedad como el primer paso para aprender a vivir en esta pluralidad sin sumisión ni humillación. Una educación funcional que permita la libre y copiosa floración del verdadero jardín lingüístico boliviano por encima del pedregal plurinacional.

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Lingüista.

suxta@hotmail.com

Puquina, viñay çumano

Posted in En línea by Marcelo Columba on 02/06/2012

Puquina, viñay çumano

La Importancia de los Documentos Eclesiásticos en la Preservación y

Estudio de las Lenguas Precolombinas

Juan Marcelo Columba Fernández *

Durante el periodo colonial, la evangelización de la iglesia católica tuvo un rol decisivo en la preservación de las lenguas precolombinas habladas en el territorio americano ¿Cuál habría sido la suerte de varios de estos idiomas sin la intervención eclesiástica durante este período histórico? La preservación de muchas de estas lenguas ha sido posible, fundamentalmente, debido a su escritura y fijación en documentos de orden doctrinal y cultural producidos en el ámbito eclesiástico durante la colonia. Aportes como el de los sacerdotes jesuitas Ludovico Bertonio – aimarista de origen italiano – Antonio Ruiz de Montoya – guaranista de origen peruano – o del franciscano Domingo de Santo Tomás  – quechuista de origen español – son una clara muestra de la dimensión de estos trabajos que, hasta el día de hoy, son fuentes insoslayables en el estudio del vocabulario y la gramática de estas lenguas.

El caso de la lengua Puquina es paradigmático en cuanto a su registro documental eclesiástico durante la colonia pues, además de haber permitido el estudio de sus antecedentes, también constituye un importantísimo corpus de información lingüística disponible para su estudio contemporáneo. El Puquina, a la llegada de los españoles al continente americano, se encontraba entre los idiomas de mayor importancia; fue considerada como “lengua general”, vale decir, un idioma difundido en extensos territorios y hablado no sólo por las élites locales sino por la población en general (1). Así, documentos eclesiásticos coloniales citados en el análisis etno-histórico detallan parroquias donde se hablaba el idioma Puquina al arribo de los españoles: Paucarqoya, Coata, Capachica, Huancané, Moho, Conima, Carabuco, Ancoraimes, Mocomoco, Camata, Ambaná, Achacache, Guarina (2); la iglesia de Andahuaylillas en Cuzco aún presenta oraciones de bautismo pintadas en Latín, Castellano, Quechua, Aimara y Puquina. Este tipo de datos brindan una idea de la vasta difusión de este idioma y permite destacar una importante concomitancia de la geografía mencionada con el área de influencia de la civilización tiahuanacota. Esta correspondencia, entre territorio donde se hablaba la lengua Puquina y los hallazgos de cultura material tiahuanacota, ha llevado a destacados historiadores (3), arqueólogos (4) y lingüistas (5) a señalar que el Puquina fue la lengua del imperio de Tiahuanaco.

Las características del Puquina lo diferencian notoriamente de otra lengua con la que frecuentemente se lo identifica, el Uru. Esto puede advertirse tanto en la comparación de plegarias como el Pater Noster en los dos idiomas, como en la comparación de sus numerales: pesc, so, capa, etc. (en Puquina) y shi, piske, chep, etc. (en Uru). Sobre la evolución y permanencia oral del Puquina, estudios han señalado que la lengua Callahuaya es un dialecto Puquina que subsiste hasta nuestros días en la región norte del lago Titicaca (6).

En lo referente a los datos lingüísticos preservados en los archivos coloniales, el “Ritvale, sev Manvale Pervanvm” (7), catecismo católico publicado en el siglo XVII por el sacerdote franciscano Luis Jerónimo de Oré, constituye un documento eclesiástico excepcional para el estudio de la lengua Puquina en nuestros días. El catecismo contiene textos religiosos en los idiomas Latín, Castellano, Quechua, Aimara, Puquina, Guaraní, Mochica y Brasilica, utilizados para la instrucción de los pobladores conversos en las provincias del Perú. El Ritvale cristaliza en sus páginas la pluralidad lingüística de la época, irradiándola a las generaciones siguientes y evidenciando el trabajo humanista realizado sobre las lenguas precolombinas desde la iglesia. En la actualidad, iniciativas de estudio surgidas desde la academia, como es el caso de la Universidad de Leiden en Los Países Bajos, realizan sistemáticos análisis lingüísticos de los textos Puquina incluidos en el Ritvale.

Es menester destacar el rol de este tipo de documentos eclesiásticos coloniales cuyas huellas en la escritura, más allá de todo dogmatismo etnocentrista y descolonizador, han contribuido ampliamente a la vigencia de diferentes lenguas precolombinas habladas en América y constituyen una fuente esencial para el estudio contemporáneo de sus características e historia. En el caso del Puquina, estos documentos parecen haberle otorgado viñay çumano (8).

* Lingüista. Profesor universitario.

Notas

(1)   Garcés, Fernando (1999) Cuatro textos coloniales del quechua de la provincia de Quito. Quito. Proyecto de educación intercultural bilingüe.

(2)   Corzón, Carmelo (2008) “Los aymaras y el ocaso de la civilización de Tiwanaku” en Revista de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, Año XII No. 53. La Paz.

(3)   Gisbert, Teresa (2007) Historia de Bolivia. Libro I, Período prehispánico. La paz. Editorial Gisbert.

(4)   Huidobro Bellido, José (2008) “Nuevas pruebas de la presencia de Tiwanaku en Cusco” en Revista de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, Año XII No. 53. La Paz.

(5)   Torero, Alfredo (1972) “Lingüística e Historia de los Andes de Perú y Bolivia” en Escobar, Alberto. Comp. El reto del multilingüismo en el Perú. Lima. Instituto de Estudios Peruanos.

(6)   Ibarra Grasso, Dick (1982) Lenguas indígenas de Bolivia. La Paz. Editorial Juventud.

(7)   Ore, Jerónimo (1607) Ritvale, sev Manvale Pervanvm. Nápoles.

(8)   “Vida eterna” (Traducción del Puquina presente en el catecismo de Jerónimo de Oré)

Entrevista, Radio París – La Paz: Castellano, lengua materna en Bolivia

Posted in En línea by Marcelo Columba on 17/03/2012

Columba Fernández, Juan Marcelo (2012, 15 de marzo) “Comentarios sobre las características del castellano como lengua materna en Bolivia”. En El legado histórico. Producción, Alejandra Párraga. La Paz: Radio París – La Paz, Fm 106.9.

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EL DÍA DE LA LENGUA MATERNA EN BOLIVIA

Posted in En línea by Marcelo Columba on 21/02/2012

De manera genérica, podemos definir a la lengua materna, primera lengua o lengua nativa, como el idioma que aprendemos a hablar inicialmente, por oposición a las segundas lenguas que se aprenden posteriormente. El día de la lengua materna fue instituido el 21 de febrero de 2000 por la UNESCO, con el objetivo de promover la diversidad cultural y el multilingüismo, esto en conmemoración del movimiento por la lengua bengalí que, en 1952, reclamaba al gobierno de Pakistán el derecho lingüístico de oficialización de este idioma. La conmemoración de este día, además de la promoción de la diversidad lingüística, está inevitablemente ligada a reivindicaciones comunitarias, políticas e identitarias que, como en el caso bengalí, llegaron a alcanzar objetivos independentistas después de la guerra entre las provincias Occidental y Oriental de Pakistán, dando como resultado la emancipación de esta última y la consecuente fundación de la nueva república de Bangladesh.

En Bolivia, se aspira a una promoción de lenguas centrada en los idiomas denominados originarios, mediante políticas públicas basadas en la división étnico-lingüística planteada en la constitución pretendiendo, al mismo tiempo, establecer un vínculo identitario que, como en el caso bengalí, exige hablar una lengua para afiliarse a un grupo étnico determinado.

En lo que corresponde al castellano, la lengua materna de la mayoría de los bolivianos (80% de hablantes nativos en el área urbana según datos del último censo de población) la situación varía. Se hace patente la ausencia de políticas públicas visibles que impulsen el uso intercultural, dialógico, profesional y literario de esta lengua. Ante este abandono estatal, es la propia comunidad castellano-hablante boliviana quien vitaliza y promociona su lengua, principalmente en el campo cultural y educativo, pues está consciente de la importancia de la lengua de Cervantes en el ámbito regional e internacional, donde se la considera como la segunda lengua materna más importante a nivel mundial, en función al número de hablantes.

La riqueza de esta lengua materna boliviana puede apreciarse, de igual manera, en su mestizaje y su diversidad. Las singulares formaciones lingüísticas y maneras propias de hablar el castellano en  Bolivia son el resultado de un proceso histórico de mutuas influencias con las diferentes lenguas regionales presentes en el país. Finalmente,  el día internacional de la lengua materna, evoca en todos los miembros de la comunidad castellano-hablante en Bolivia, el privilegio del encuentro y el diálogo en esta lengua mestiza que, a lo largo del territorio,  constituye un común denominador y un elemento cohesionador reivindicado en la admirable policromía de nuestros genuinos acentos regionales.

BILINGÜISMO FORZADO

Posted in En línea by Marcelo Columba on 01/08/2011

BILINGÜISMO FORZADO

Imposición de un Segundo Idioma y Derecho de Elección Lingüística

Juan Marcelo Columba Fernández*

“Todo acto forzoso se vuelve desagradable” (Aristóteles)

La élite gobernante plurinacional parece estar totalmente convencida de que las cosas se hacen “por las malas”. El amable lector quedará anonadado si se pone a revisar la proliferación del término “obligatorio” o de sus equivalentes, en las declaraciones y documentos oficiales de los actuales administradores del Estado boliviano. Tan sólo este hecho ameritaría un estudio estadístico y comparativo sobre el surgimiento de esta especie de “léxico tirano”. En el ámbito cultural, particularmente en lo referente a las políticas públicas sobre lenguas y educación, esta actitud unilateral y autoritaria no cambia en absoluto, más bien, confirma el carácter totalitario cada vez más acentuado en la actual administración plurinacional.

La nueva ley educativa boliviana, en el apartado correspondiente a la diversidad lingüística, detalla “principios obligatorios” de uso de las lenguas, que se han insertado en un reciente proyecto de ley sobre “derechos y políticas lingüísticas”, que señala que la gran mayoría de la población urbana en Bolivia, es decir, los hablantes monolingües castellano-hablantes, tienen “el derecho y la obligación” (sic) de aprender un idioma indígena de la región como segunda lengua. De igual forma, el Vicepresidente boliviano, durante la inauguración del Foro de Culturas de América Latina y el Caribe el pasado 21 de julio, ha declarado que la constitución política vigente, “obliga” a todos los bolivianos a estudiar un idioma indígena desde la escuela y que todo funcionario público, en un plazo de tres años, debe aprenderlo.

Destacados intelectuales bolivianos han venido advirtiendo sobre la conformación de un escenario de enfrentamiento en el plano cultural que involucra, naturalmente, los idiomas. Así, se ha venido cuestionando la imposición de una lengua sobre otra, pues este hecho sólo se ha producido después de grandes batallas o guerras donde el vencido es sometido también a nivel cultural. La actitud de “obligar” a adoptar elementos culturales, remite a una lógica colonizante que, contradictoriamente, es promovida por un gobierno que se jacta de sus logros “descolonizadores”.

De la misma forma, prestigiosos estudiosos de las lenguas en el contexto internacional han manifestado su descuerdo sobre la imposición de una segunda lengua. Respecto al caso boliviano, Utta Von Gleich y Claude Hagége en ocasión de un evento académico sobre el multilingüismo realizado en mayo de este año, han indicado que no es aconsejable obligar a aprender un idioma indígena, pues este hecho generará un rechazo en las personas que no tienen esta lengua como propia. En el mismo sentido, Henry Boyer, profesor de ciencias del lenguaje de la Universidad de Montpellier, señala que una política lingüística como la enseñanza de una segunda lengua, debe respetar bases fundamentales del Derecho como es el caso del “Principio de Personalidad”, por el cual la “elección de la lengua” pertenece a los derechos individuales de cada persona. Un  diseño legal que contemple la obligatoriedad de aprendizaje de lenguas tal como se ha planteado en Bolivia, en lugar de promover el bilingüismo corre el grave riesgo de originar efectos adversos.

Un caso estrechamente relacionado con esta temática se presenta en el sistema educativo boliviano, donde se ha intentado implementar por varios años el aprendizaje del inglés como segunda lengua. Considerando la enorme difusión y las avanzadas metodologías de aprendizaje de esta idioma ¿Por qué no existen resultados enteramente satisfactorios en su aprendizaje? Parte importante del problema radica en la motivación: muchos estudiantes que se ven “obligados” a aprobar esta materia, no encuentran ningún placer en su asimilación y su aprendizaje se encuentra grandemente disminuido. Normalmente, un estudiante promedio que “desea” y “elige” aprender este idioma, acude a instituciones especializadas en su enseñanza para practicarla con regularidad y hablarla fluidamente después de algunos años de estudio. Este aprendizaje ocurre habitualmente durante la escolaridad pues se afirma que el aprendizaje de las lenguas se efectúa de forma privilegiada hasta la etapa de la adolescencia. Sin embargo, cuando la política y la demagogia son la norma, cualquier otra consideración especializada queda en segundo plano y los gobernantes bolivianos exigen que nuestros funcionarios públicos, que no son precisamente púberes, estén obligados a desafiar a Kronos y combatir su propio desarrollo biológico para alcanzar el ideal plurinacional.

Dada la multitud de lenguas habladas en el país, la tarea de promoción del multilingüismo por parte del Estado es ineludible. Ésta labor debe realizarse sin ninguna imposición autoritaria, sino a partir del derecho a la libre elección de las lenguas que los ciudadanos deseen aprender. Una motivación seria para el aprendizaje las diferentes lenguas habladas en Bolivia, a partir del rol activo de los promotores culturales, debe buscar generar en la ciudadanía el anhelo de aprenderlas, comprendiendo que el “placer” de su adquisición no se origina en una desafortunada norma que exige asimilarlas, sino en el ideal humanista de aprecio y valoración de nuestros semejantes y de su cultura expresada en el idioma.

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*Lingüista. Profesor universitario